2009 – Año fruto en abundancia.

2009 – Año fruto en abundancia.

Yo soy la vid, vosotros los pámpanos, el que permanece en mí y yo en èl, este lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer.

Juan 15:5

Pasando balance al año que termina, todos podemos decir que hemos ganado y perdido algunas cosas. No obstante, ha sido principalmente un año de bendición, pues ha sido un Año de Reinicio. La palabra profética que declaramos para el 2009 es que será el Año de los Frutos, y de los Frutos en Abundancia.

Juan 15:16 “No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros, y os he puesto para que vayáis y llevéis fruto, y vuestro fruto permanezca; para que todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, él os lo dé”.

CREADOS PARA LLEVAR FRUTO

Dios no nos quiere ni nos diseñó para ser estériles. Él bendice nuestra vida cuando somos fructíferos. Actúa sobre nuestra vida sin que nos demos cuenta. Es quien multiplica y da los frutos, mediante su Santo Espíritu. Uno solo pone la tierra, Él la siembra, la riega, la abona, la hace germinar, crecer y dar frutos. En la vida natural, lo común es que el fruto nazca, permanezca por un tiempo, y luego decaiga o muera, pero en el ramo espiritual no es así. Todos los frutos que Dios nos da son para poder usarlos para siempre.

Notemos que lo primero que señala este pasaje es “No me elegisteis vosotros”. Nosotros no fuimos los que encontramos a Dios, pues Él nunca estuvo perdido, por el contrario, nosotros éramos los perdidos y alejados. Los frutos que Dios nos da son para que todo lo que pidamos al Padre en el nombre de Jesús nos sea dado. Esto es por la pura gracia de Dios, ya que ninguno de nosotros es merecedor de nada.

Dios escucha las oraciones de los que dan fruto. Los que dan fruto tienen la certeza de que Dios escucha sus oraciones pues ellos conocen la voluntad del Padre, y conforme a esta revelación hacen sus peticiones, no para sus deseos y deleites, y por esto saben pedir como conviene.

DEBEMOS PERMANECER EN EL

Juan 15:4 “Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí”.

Debemos permanecer en Dios. Él no puede ser para nosotros un asunto de un día a la semana, o de un momento, o de un culto. Él debe ser nuestra razón de vivir; deberíamos sentir que sin Él la vida no vale nada, que no podemos ni imaginarnos siquiera como sería llegar a perder Su presencia. Dios sabe de antemano que vamos a fallar, pero está más interesado en nuestro corazón: qué lo domina y dónde está centrado. Nuestra vida debe estar 100% centrada en Dios y todo lo demás, debe ser solo pura añadidura. No podemos despreciar la primogenitura por las lentejas. No podemos despreciar al Hijo, por el mundo y su sistema.

REQUISITOS PARA UNA VIDA FRUCTIFERA

El requisito para tener una vida fructífera es tener una comunión constante y vital con Cristo. Despiértate, camina, estudia, trabaja, acuéstate….pero con Cristo. No hay manera posible de tener fruto, sino es conectado a Él. Uno puede llegar a desgastarse por el deseo de alcanzar algo: saltar, brincar y patalear; pero si Dios no está en medio de todo, nada sucederá. Nuestro objetivo, no es solo ganar almas, sino también cultivar los frutos del Espíritu.

CONDICIONES PARA LLEVAR FRUTO

Dios no desperdicia semillas, sino que las echa en buena tierra.

Salmo 1:3 “Será como árbol plantado junto a corrientes de aguas, Que da su fruto en su tiempo, Y su hoja no cae; Y todo lo que hace, prosperará”.

PARA LLEVAR FRUTO SE REQUIERE

1. Tener contacto con el agua de vida. Es necesario estar plantados junto a corrientes de agua viva, y el agua viva es Cristo. Para que esto ocurra, debemos morir al yo. Muchos piensan erróneamente que la vida es una, y que hay que gozarla, a la manera del mundo. Sin embargo, ellos desconocen que la vida se goza verdadera y plenamente a la manera de Dios.

2. La fructificación se llevará a cabo en el tiempo de Dios. El fruto no puede ser apurado para que madure antes de su tiempo. Un fruto madurado artificialmente, no tendrá el mismo sabor, aroma y color. Por lo tanto, es necesario aprender a esperar el tiempo de Dios.

3. Debemos morir al viejo hombre, buscar la presencia de Dios, y este proceso deberíamos realizarlo de forma voluntaria para que nos sea menos doloroso. Para algunos el morir al yo puede ser morir al amor al dinero; para otros a las imprudencias de su boca, o a lo que escuchan sus oídos; en fin, hay infinidades de áreas en las que tenemos debilidades. Juan 14:24 24 El que no me ama, no guarda mis palabras; y la palabra que habéis oído no es mía, sino del Padre que me envió.

4. Debemos estar listos para la poda, porque todo el que no lleve fruto será quitado. Así que para no ser quitados nosotros, seremos limpiados para que verdaderamente podamos llevar fruto. Si llegásemos a tener la capacidad de visualizar nuestro árbol como Dios lo ve, ciertamente diríamos: “Quítame más”. Juan 15:2 Todo pámpano que en mí no lleva fruto, lo quitará; y todo aquel que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve más fruto. El que poda es el Espíritu Santo y lo hace con amor. Tengamos cuidado de no intentar usurpar su función. Es importante también decir que la poda es para limpieza. Quizás inicialmente no la podamos comprender, pero el resultado final nos llenara de gozo.

5. Es necesario que nos dejemos llevar por Dios hasta el nivel que El quiera, para llevar el rendimiento que El espera conseguir de nosotros, ser espiritualmente receptivos y vivir una vida entregada a Dios. El que oye la Palabra de Dios y la entiende, da fruto. La garantía de llevar fruto es escuchar y entender la Palabra de Dios. Sin su Palabra no tendremos avance espiritual, pues todo lo que en nuestra vida es realizado fuera de la palabra de Dios, tiende a ser religiosidad. Mateo 13:23 23 Mas el que fue sembrado en buena tierra, éste es el que oye y entiende la palabra, y da fruto; y produce a ciento, a sesenta, y a treinta por uno. La maduración que lleva al fruto requiere de los nutrientes de la Palabra, por esta causa, tenemos tanta oposición para la leer la Palabra.

EL EJEMPLO DE DAVID

1 Reyes 14:8 “y rompí el reino de la casa de David y te lo entregué a ti; y tú no has sido como David mi siervo, que guardó mis mandamientos y anduvo en pos de mí con todo su corazón, haciendo solamente lo recto delante de mis ojos”.

Dios se refirió a David, como un hombre conforme a su corazón, que anduvo en pos de Él con todo su corazón; sin embargo sabemos que David no fue un hombre perfecto, sino que cometió muchos errores. Sin embargo, conoció la presencia de Dios y tuvo una relación íntima con El. Esto agradó a Dios.

TODA CLASE DE ARBOLES FRUTALES

Ezequiel 47:12 “Y junto al río, en la ribera, a uno y otro lado, crecerá toda clase de árboles frutales; sus hojas nunca caerán, ni faltará su fruto. A su tiempo madurará, porque sus aguas salen del santuario; y su fruto será para comer, y su hoja para medicina”.

Un día, luego de estar plantados junto al agua de vida, luego de nuestros procesos de poda, se verán en nosotros los frutos, y la gente de nuestro alrededor (esposos, amigos, padres, hijos, jefes, compañeros, etc.) comerán de ellos. Cuando seas plantío de Jehová, estarás tan lleno de frutos que la gente correrá a ti, pues reflejarás la gracia de Dios. Como instrumentos de Dios, seremos usados para saciar y llevar sanidad a las naciones.

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