2010 – El año de la Plenitud.

2010 – El año de la Plenitud.

Me mostrarás la senda de la vida; en Tu presencia hay plenitud de gozo, delicias a Tu diestra para siempre.

Salmo 16:11

¡Qué tiempo tan especial nos ha tocado vivir! Si tenemos más de 10 años de edad podemos decir que somos del siglo pasado, y aún más, que somos del milenio pasado. Nos ha tocado el privilegio de ser la generación que comenzó un nuevo siglo y un nuevo milenio.

De manera muy especial, el presente año 2010 es muy importante. El número 10 en la Palabra nos habla de varias cosas:

  • Tentación: “Todos los que vieron mi gloria y mis señales que he hecho en Egipto y en el desierto, y me han tentado ya diez veces, y no han oído mi voz” Nm. 14: 22.
  • Prueba: Daniel y sus amigos dijeron: “Te ruego que hagas la prueba con tus siervos por diez días, y nos den legumbres a comer, y agua a beber” Dn. 1: 12.
  • Plenitud: Como producto de la Presencia de Dios Sal. 16: 11. Es por eso que después de los 10 días de prueba que pasaron Daniel y sus amigos, la Plenitud de Dios se evidenció en ellos, pues La Palabra dice: “Y al cabo de los diez días pareció el rostro de ellos mejor y más robusto que el de los otros muchachos que comían de la porción de la comida del rey” Dn. 1: 15. El número diez nos habla de totalidad, de plenitud. Plenitud es la cualidad de estar lleno o completo.

Por lo tanto hemos creído a Dios y hemos declarado proféticamente por el Espíritu de Dios que este año 2010 Dios entrará a muchos a Su Plenitud, luego de haber sido probados; pues no puede ser aprobado, lo que antes no ha sido probado.

Se trata de estar llenos, completos o terminados para ayudar a que otros alcancen su plenitud. La palabra plenitud (abundancia) la encontramos en diferentes pasajes de las Escrituras; por ejemplo:

Juan 1:16 “Porque de su plenitud tomamos todos, y gracia sobre gracia”.

Salmo 24:1 “De Jehová es la tierra y su plenitud; el mundo, y los que en él habitan”.

Romanos 15:29 “Y sé que cuando vaya a vosotros, llegaré con abundancia de la bendición del evangelio de Cristo”.

Colosenses 1:19 “Por cuando agradó al Padre que en Él habitase toda plenitud”.

De estos últimos dos textos, tomamos la palabra abundancia o plenitud en el original, la cual es pléroma y tiene el siguiente significado:

G4138 πλήρωμα pléroma; de G4137; rellenar o terminación, i.e. (subj.) lo que llena (como contenido, suplemento, copiosidad, multitud), u (obj.) lo que es llenado (como contenedor, desempeño, período): abundancia, cumplimiento, lleno, llena, plenitud, pleno, plena, remiendo, restauración.

En el tiempo que Pablo escribió, esta palabra plenitud era usada por los gnósticos quienes afirmaban que el universo era la plenitud, que el universo era el Todo. Sin embargo, Pablo afirma en Colosenses que en Cristo habita toda la plenitud y que Él es EL TODO EN TODOS. Y todas las cosas en Él son y subsisten (Colosenses 1:16-19), y los cielos de los cielos no lo pueden contener.

La verdadera plenitud solo la podemos alcanzar en Dios, pues si no lo tenemos a Él no podemos decir que estamos llenos; por el contrario, nos sentimos totalmente vacíos.

Salmo 16:11 “Me mostrarás la senda de la vida; En tu presencia hay plenitud de gozo; Delicias a tu diestra para siempre”.

Efesios 4:11-13 “Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo”;

LA ALABANZA DE SION

Dios también tiene anhelos y deseos. Cuando Moisés fue levantado como líder sobre el pueblo de Israel estando ellos en Egipto, Dios lo envió a decirle a Faraón que dejara ir libre a su pueblo para celebrarle fiesta en el desierto (Exodo 5:1). Dios anhelaba tener fiesta con Su pueblo. El desierto nos parecería el lugar menos adecuado para una celebración, sin embargo, la motivación para celebrar a Dios no depende de factores externos, sino de lo que Él ha hecho en nuestro interior.

Moisés condujo a Israel a su liberación de Egipto, y permaneció vagando con el pueblo 40 años por el desierto, sin embargo, no cumplieron el anhelo del corazón de Dios. Luego le sucedió Josué, quien gobernó a Israel por otros 30 años, y tampoco se logró alcanzar la plenitud de la herencia de Dios bajo su dirección.

Pasaron otros 350 años aproximadamente, en los cuales dirigieron a Israel 13 jueces y un rey, Saúl, y todavía no se logró el anhelo de Dios.

Hasta que apareció David, un jovencito, pastorcito de ovejas, el cual sí entendió y aprendió a adorar a Dios en el desierto, y cumplió su deseo.

Este David escribió el Salmo 65, con el cual el Señor ha estado ministrando a mi corazón para este fin de año, en especial con lo que dice en su verso 11 “Tú coronas el año con tus bienes”. A continuación veamos algunos detalles de este salmo, el cual dividiré en dos partes:

1ra PARTE: EXPRESION DE GRATITUD

Salmo 65:1-5 nos dice “1 Tuya es la alabanza en Sion, oh Dios, Y a ti se pagarán los votos. 2 Tú oyes la oración; A ti vendrá toda carne. 3 Las iniquidades prevalecen contra mí; Mas nuestras rebeliones tú las perdonarás. 4 Bienaventurado el que tú escogieres y atrajeres a ti, para que habite en tus Atrios; seremos saciados del bien de tu casa, de tu santo templo. 5 Con tremendas cosas nos responderás tú en justicia, Oh Dios de nuestra salvación, Esperanza de todos los términos de la tierra, y de los más remotos confines del mar”.

David comprendió que Dios escucha la oración, perdona nuestras rebeliones; que Dios nos atrae hacia Él y nos sacia de todo bien, y nos responde en su justicia. Es ver a Dios como Padre; Dios de alabanza, oración y comunión.

2da PARTE: EXPRESION DE RECONOCIMIENTO

Esta segunda parte se cantaba en los años de gran cosecha y abundancia. Una persona del campo que siembra, reconoce fácilmente que no sólo es una bendición poder sembrar, sino que la lluvia necesaria sea enviada por Dios a su tiempo.

Salmo 65:6-13 nos dice “6 Tú, el que afirma los montes con Su poder, ceñido de valentía; 7 el que sosiega el estruendo de los mares, el estruendo de sus ondas, y el alboroto de las naciones. 8 Por tanto, los habitantes de los fines de la tierra temen de tus maravillas. Tú haces alegrar las salidas de la mañana y de la tarde. 9 Visitas la tierra, y la riegas; en gran manera la enriqueces; con el río de Dios, lleno de aguas, preparas el grano de ellos, cuando así la dispones. 10 Haces que se empapen sus surcos, haces descender sus canales; la ablandas con lluvias, bendices sus renuevos. 11 Tú coronas el año con tus bienes, y tus nubes destilan grosura. 12 Destilan sobre los pastizales del desierto, y los collados se ciñen de alegría. 13 Se visten de manadas los llanos, y los valles se cubren de grano; dan voces de júbilo, y aun cantan”.

Con las palabras de este salmo reconocemos que Dios es el que bendice la tierra, nos llega de alegría y nos prospera; de manera que hasta la creación se regocija y da voces de júbilo. De Dios viene la prosperidad, la abundancia y la plenitud.

CINCO DIMENSIONES DE LA PLENITUD PARA NUESTRAS VIDAS

En este tiempo en que comenzaremos a ver la grandeza de Dios, su plenitud en nuestros hogares y familias, es nuestra oración que:

1 – Dios nos llene de lo que nos falta de Él.

2 – Nos perfeccione o madure en Él.

3 – Nos permita dar a otros, lo que proviene de Él.

4 – Termine en nosotros lo que comenzó en Él.

5 – Alcancemos la estatura de la plenitud de Cristo.

DECLARACION PROFETICA:

En este año 2010 veremos la madurez en medio nuestro como nunca antes. La madurez de saber esperar; de saber cuándo actuar como adultos y cuándo actuar como niños.

La magnitud de las pruebas ha sido para determinar la medida de nuestra llenura. Tendremos una compresión de las Escrituras sin precedentes. Dios dará visiones. Veremos milagros creativos. Dios hará grandes cosas, porque nos está madurando. Hemos padecido para poder alcanzar la madurez, pero hemos aprendido.

En este año que ha finalizado, Dios ha preparado muchas ramas fructíferas, las cuales se doblaban por el peso del fruto, pero nunca se quebraron. Éstas serán ascendidas y llevadas a ser ARCOS poderosos. Donde ya no será su “yo”, sino la voluntad de Él en sus vidas. No nuestra presencia sino la presencia de Dios en nosotros. Ya no nuestra fuerza, sino Su fuerza.

Ahora, Él será nuestra certeza.

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