Bien Por Mal


y le dijo a David: —Eres mejor persona que yo, porque has devuelto bien por mal.
1 Samuel 24:17 (NTV)

David no guardaba rencor hacia Saúl, a pesar de todo lo que le había hecho, él buscaba mostrarle que estaba equivocado, que él le honraba y le reconocía como su autoridad. Teniendo la oportunidad de matar a Saúl, David le muestra que solo le cortó el borde de su manto, sin hacerle ningún daño, ante esto el rey tuvo que reconocer que estaba equivocado y que David era mejor, pues no devolvía mal por mal, como el sentido común dictaría, sino que a pesar de todo el mal recibido, tomó la decisión de hacer el bien, aún a su enemigo (Romanos 5:10). Hacer bien al que nos trata bien, eso lo hacen hasta los impíos, pero hacer el bien al que nos hace daño, eso es algo que debe caracterizar a un discípulo de Cristo, (Mateo 5:46-47), porque Él mismo lo hizo. ¿Acaso nosotros no éramos considerados enemigos de Dios por el pecado en nuestras vidas? A pesar de ello, Él dio Su preciosa vida para reconciliarnos con el Padre. Él nos dio el mayor bien, aunque nosotros íbamos de continuo hacia el mal.

La Biblia nos enseña que no existe ni una sola persona que sea justa, solo aquellas que han sido justificadas por el sacrificio del Señor. Él fue rechazado, golpeado, insultado, crucificado; sin embargo, aún en medio del dolor, oró al Padre para que perdonara a quienes le habían hecho eso. Como cristianos, debemos seguir el ejemplo de Cristo y de David, a quienes no les importó pasar por situaciones difíciles e injustas y estuvieron dispuestos a perdonar y a hacer el bien. Es cuestión de decisión, no de sentir hacerlo. La Palabra nos dice que no seamos vencidos de lo malo y que la forma de vencer el mal es con el bien, (Romanos 12:21). Esto fue lo que hizo David y salió vencedor en esta situación. Recordemos que la ira del hombre no obra la justicia de Dios, (Santiago 1:20).

Oración

Señor, ¡Cuánto admiro Tu bondad e infinita misericordia! Gracias porque no recibí lo que merecía, por el contrario me diste lo que no merecía, ¡Salvación y Vida Eterna! Ruego por Tu gracia cada día para parecerme más a Ti y poder hacer el bien, sin importar si la otra persona lo merece o no, que no me canse de sembrar el bien, y en su momento cosecharé victorias sobre aquellos que quieren hacerme daño. Oro en el Nombre de Jesús. ¡Amén!

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