Cediendo el Mando


Así que Josué tomó control de todo el territorio, tal como el Señor le había indicado a Moisés. Le dio la tierra al pueblo de Israel como su preciada posesión y repartió el territorio entre las tribus. Entonces por fin la tierra descansó de la guerra

Josué 11:23 (NTV)

Si leemos los versículos finales del capítulo anterior y este, podemos ver que Josué enfrenta muchas ciudades y sus reyes y todas y en cada batalla Dios le dio la victoria. El secreto de esas victorias fue que obedeció los mandatos de Dios dados a él a través de Moisés (v. 15). Él hizo su parte y siguió las instrucciones de Dios para conquistar cada ciudad, en respuesta, Dios le dio la victoria, cumpliendo así las promesas que había hecho con anterioridad a Moisés. Entonces descansaron de ese tiempo de guerra, tuvieron paz finalmente, pues ya habían cumplido con su deber delante de Dios. Definitivamente, Dios cumple lo que promete, pero lo hace a Su tiempo y de maneras que a veces no esperamos, pues Dios no es aburrido, a Él le gusta sorprendernos y mantener viva la relación con cada uno de Sus hijos e irnos revelando poco a poco lo que desea que hagamos. Debemos actuar a la manera de Dios y no a la nuestra, guiados por Él podremos llegar a cumplir el propósito que ha establecido para nuestras vidas. Al igual que Josué, tendremos momentos en los cuales se levantarán enemigos que tendremos que combatir y necesitaremos fortaleza y ánimo para ir enfrentándolos uno a uno, siempre confiados en que Dios va al frente preparando todo para que tengamos la victoria, y así finalmente podamos disfrutar del reposo que sólo Dios puede darnos. Pero aquí no termina todo, Israel había conquistado la tierra y ahora debían establecerse y permanecer en ella, y esto dependería de que no se olvidaran de Dios y Sus mandatos. Igualmente sucede en nuestras vidas, es necesario que Dios ocupe el primer lugar en ella y le obedezcamos completamente para mantener nuestra herencia.

Oración

Señor, Hoy Te entrego el mando de mi vida, Te dejo actuar, y me dejo guiar por Ti. Gracias por estar conmigo cuando enemigos se levantan en mi contra, por ir al frente peleando cada batalla y darme la victoria. Gracias porque me fortaleces y animas en los momentos más difíciles. Gracias porque nunca me abandonas, Tú siempre me sostienes y muestras la salida en los momentos de mayor oscuridad. Gracias por Tu fidelidad y protección. ¡Amén!

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