El Mayor Tesoro


“No temas cuando alguno se enriquece, cuando la gloria de su casa aumenta; porque nada se llevará cuando muera, ni su gloria descenderá con él.”
Salmo 49:16-17 (LBLA)

Muchas personas tienen como meta llegar a ser personas adineradas, por lo que algunos creyentes se ven tentados a envidiar las riquezas de los pecadores, pero ¿de qué nos servirá tener todas las riquezas del mundo si nuestra alma se pierde por la eternidad? Debemos pedir al Señor que nos ayude a mantener el enfoque correcto, y para ello es necesario que conservemos nuestra mirada puesta en Él. Como creyentes en el Dios dueño de la tierra y todo lo que en ella habita, no debemos poner nuestra confianza en las riquezas materiales, sino en las riquezas que podremos llevar al cielo, aquellas que resultan de poner al servicio de los demás los dones y talentos recibidos del Señor. Recordemos al joven rico, Jesús le pidió que vendiera todos sus bienes y los diera a los necesitados, pero amó más a las riquezas que a Dios. Dios nos bendice y sobreabunda materialmente con el fin de que ayudemos a los necesitados y que invirtamos en la obra de Su reino, no para que hagamos de las riquezas un dios que nos aleje de nuestro Dueño y Creador. No vale la pena aferrarnos a la vida material, pues al final, no nos llevaremos nada de esto al morir. Asegurémonos de que Su carácter sea formado en nuestras vidas… ese será nuestro mayor tesoro.

Oración

Padre Amado, no quiero distraer mi caminar con pequeñeces, quiero enfocarme en Ti. Sé que la buena obra que comenzaste en mi vida la perfeccionarás. Ver cómo transformas mi carácter me llena de gozo, pues este tesoro será el que me lleve a la eternidad, ¡amén!

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