El problema: Un Corazón Hinchado


“Ciertamente has derrotado a Edom, y tu corazón se ha envanecido; gloríate pues, mas quédate en tu casa. ¿Para qué te metes en un mal, para que caigas tú y Judá contigo?”.
2 Reyes 14:10 (RV60)

Amasías, rey de Judá, en los inicios de su reinado, hizo lo agradable a los ojos de Dios y Dios le dio una gran victoria sobre Edom. Sin embargo, ese triunfo llenó de orgullo su corazón, haciéndole creer que era poderoso, olvidando que la fuente de su victoria había sido Dios y no provenía de sí mismo. Por ese motivo, le declara guerra a Joás, rey de Israel, quien tenía un ejército poderoso. A pesar de ser advertido por este rey, Amasías insiste y pierde ante Israel. Esta derrota no solo afecta su vida, sino a todo el pueblo de Judá. Mientras que la dirección de Jehová le dio la victoria a Amasias sobre Edom, su “yo” engrandecido, lo llevó a una rotunda derrota, confirmando que antes de la caída viene la altivez ( Proverbios 16:18).
El Señor nos enseña varias lecciones aquí, una es que no debemos pelear las batallas en nuestras fuerzas, sino siempre guiados por Dios. Segundo, el orgullo distorsiona nuestros sentidos, visión y oído, lo que nos puede llevar a tomar decisiones erróneas y necias, a pesar de las advertencias. Otra enseñanza es que nuestras decisiones no solo nos afectan a nosotros sino a los que nos rodean. Y finalmente, la fuente de nuestros problemas y del orgullo radica en nuestro corazón, por lo tanto, debemos de crucificar nuestro orgullo y rendir nuestro “yo” en el Altar a Dios.

Oración

Señor, examíname y desarraiga toda semilla de orgullo que haya sido sembrada en mi corazón, purifícame y guíame a tomar decisiones que Te glorifiquen, en Tu Nombre Te lo pido. ¡Amén!

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