Embriaguémonos de Él


Después el Señor le dijo a Aarón: “Tú y tus descendientes nunca deben beber vino ni ninguna otra bebida alcohólica antes de entrar en el tabernáculo. Si lo hacen, morirán. Esta es una ley perpetua para ustedes, que se cumplirá de generación en generación.

Levítico 10:8-9(NTV)

Hay diferentes posturas con respecto al tema del creyente y las bebidas alcohólicas, pero lo cierto es que la Biblia generalmente habla del asunto del vino en forma negativa. Por ejemplo, Salomón nos dice en Proverbios 20:1 “El vino es escarnecedor, la sidra alborotadora, y cualquiera que por ellos yerra no es sabio” (RV60). Esto confirma lo que se nos dice en el versículo inicial, el alcohol entorpece el buen juicio, adormece los sentidos, y esto no es bueno para quien se ha comprometido a vivir una vida santa y agradable a Dios, pues le puede conducir al pecado. Cuando alguien se embriaga deja de tener el control de sus sentidos y puede terminar cayendo en una adicción. Comienza a depender de la bebida para poder pasar un rato “ameno, agradable y feliz”. Aunque la persona no se dé cuenta, esta es una manera de pretender llenar vacíos y el siguiente paso puede ser caer en nuevas adicciones al querer seguir experimentando nuevas sensaciones. A través de las noticias podemos ver cuántas atrocidades se cometen cuando un individuo ya no piensa con claridad porque “algo” ha afectado sus sentidos: accidentes, homicidios, robos, suicidios, infidelidades, orgías y quién sabe cuántos pecados más.
Necesitamos entender que esas sustancias causan daños en nuestro cuerpo, el cual no nos pertenece, sino que es Templo del Espíritu Santo. Pablo, sabiendo que todas esas cosas solo producen una “felicidad” pasajera, nos exhorta a no embriagarnos con lo terrenal, sino que seamos llenos del Espíritu Santo. Solo así vamos a tener un gozo permanente y podremos caminar en santidad para Aquel que es digno, nuestro Amado Jesús. ¡Vaciémonos de todo lo terrenal para poder embriagarnos del Espíritu Santo!

Oración

Señor, hoy me comprometo a llevar una vida que Te agrade, apartándome de aquellas cosas que no solo afectan mi juicio y mis decisiones, sino que también pueden dañar mi cuerpo, templo del Espíritu Santo. No quiero un gozo pasajero, ni la llenura superficial de un momento. Lo que anhelo es embriagarme de Ti, ser PERMANENTE Y ETERNAMENTE lleno de tu Santo Espíritu. ¡Amén!

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