Enemigos de nuestra intimidad con Dios


 

Me apropio de las palabras del Apóstol Otoniel Ríos Paredes que decía: “Vive como si Jesús viniera esta noche, pero trabaja como si fuese a tardar un poco más”

A veces somos formados desde niños para escuchar a Dios, pero cuando Él nos habla no estamos dispuestos a escucharlo. Cuando Dios nos lleva a una ciudad, no está pensando en una persona, está pensando en toda la ciudad, sin embargo, la prioridad número uno debe ser el hogar, porque de nada vale trabajar y tener éxito en la obra de Dios, si descuido a mi familia, mi esposa y mis hijos.

Dios siempre ha tenido el deseo de tener una relación con nosotros a pesar de nuestra condición de pecadores. Estamos aquí por Su misericordia. Dios anhela revelarse a nosotros, pero hay enemigos que nos impiden lograrlo, los cuales pueden ser internos o externos y tenemos que pedir discernimiento para identificarlos.

Salmos 138: 6 Porque Jehová es excelso, y atiende al humilde, mas al altivo mira de lejos.

Uno de nuestros enemigos más grandes, que nos separa de Dios, es la altivez y el orgullo. Es parte de nuestra naturaleza caída y hay que atacarlo. Ninguno estamos libres de eso, porque está en nuestra condición humana y puede ser un peligro si no aprendemos a identificarlo.

Hay que cuidarse. La hermosura y la autoridad de luzbel lo llevaron a la quiebra. Ninguno está libre de eso.

Dios es todopoderoso y el recibe en Su trono al humilde, pero al altivo lo mira de lejos. El orgullo, la altivez y la soberbia, son  enemigos de la intimidad con Dios.

Las personas orgullosas, altivas  o soberbias son aquellas que se valoran excesivamente y creen ser superiores a otros. Uno de los  síntomas de ser altivo es mirar a alguien como si fuera  inferior a ti. Aunque esa persona tenga carencias no es menos, sino diferente. Por algo el Apóstol Pablo decía que ningún miembro menosprecie a otro (1 Corintios 12:20-25).

Detrás de cada llamado hay una historia y un precio que pagar. En 1 de Samuel se nos dice que cuando el rey Saúl estaba siendo atormentando por un espíritu inmundo, buscaron a los mejores hombres para liberarlo y nada dio resultados, hasta que un sirviente del palacio le presentó a David, un jovencito, pero Jehová estaba con él. Un sirviente, un hombre humilde, fue a quien Dios usó para llevar a David al palacio.

Nunca menosprecies a nadie, porque pudieras menospreciar a la persona que Dios va a usar para levantar tu ministerio. ¡Cuidado!  Eso no es bueno. Cuando tienes el respaldo de Dios, a donde llegues prosperarás, pero cuando el respaldo es de hombres, no permanece.

Proverbios 21:24 Escarnecedor es el nombre del soberbio y presuntuoso que obra en la insolencia de su presunción.

Escarnecedor es alguien que se burla y es sarcástico. El sarcasmo, la altivez y la arrogancia juntas, hacen las obras de un orgulloso.

Proverbios 16:5 Abominación es a Jehová todo altivo de corazón; ciertamente no quedará impune. 

Abominación es a Jehová todo altivo de corazón, quiere decir que Dios los rechaza. No queda impune su obra

2 Timoteo 3: 1-2 También debes saber esto: que en los postreros días vendrán tiempos peligrosos. 2 Porque habrá hombres amadores de sí mismos, avaros, vanagloriosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, impíos.

La desobediencia a los padres, tanto terrenales como espirituales, es un indicio de orgullo.

2 Timoteo 3:3-5 Sin afecto natural, implacables, calumniadores, intemperantes, crueles, aborrecedores de lo bueno, 4 traidores, impetuosos, infatuados, amadores de los deleites más que de Dios, 5 que tendrán apariencia de piedad, pero negarán la eficacia de ella; a éstos evita. 

Piadoso quiere decir tener un estilo de vida que considera a Dios. Hay personas que quieren cubrir todas esas condiciones mostrando una apariencia de piedad proveniente de Dios, pero en realidad rechazan o niegan Su poder.

La condición del hombre es vulnerable, por eso tarde o temprano el orgullo nos ocasionará problemas en nuestra relación con Dios.

Salmos 38:6 Estoy encorvado, estoy humillado en gran manera, ando enlutado todo el día.

Cuando le pedimos algo a Dios no podemos perder de vista que Él es soberano y es ahí que empieza el tema del orgullo. Le pedimos avivamiento a Dios, pero no sabemos el método que Él va a utilizar, por eso no podemos callar, tenemos que hablar, porque la semilla de la Palabra tarde o temprano germinará.

Cuando alguien reconoce que Dios es soberano, le permite consolarlo y ser su sustento. Muchas personas no logran ver el consuelo de Dios ante una pérdida, la restauración en su matrimonio o el ordenamiento de sus finanzas, porque no lo ven como soberano.

La sobrenaturalidad de Dios se expresa en un corazón humilde, no altivo. Si lo cuestionas, eso te hace alejarte de Él. ¿Cuántos desean experimentar la soberanía de Dios en todas las áreas de sus vidas?

Nuestra condición humana no nos permite experimentar la grandeza de Dios, por eso la altivez es un enemigo de nuestra relación con Él.

Proverbios 16:5 Abominación es a Jchová todo altivo de corazón; Ciertamente no quedará impune. 

Debemos reconocer nuestra condición de que somos vulnerables. Él es soberano, da y quita y nuestra condición humana debe comprender eso.

Génesis 3: 8-13 Y oyeron la voz de Jehová Dios que se paseaba en el huerto, al aire del día; y el hombre y su mujer se escondieron de la presencia de Jehová Dios entre los árboles del huerto. 9 Mas Jehová Dios llamó al hombre, y le dijo: ¿Dónde estás tú? 10 Y él respondió: Oí tu voz en el huerto, y tuve miedo, porque estaba desnudo; y me escondí. 11 Y Dios le dijo: ¿Quién te enseñó que estabas desnudo? ¿Has comido del árbol de que yo te mandé no comieses? 12 Y el hombre respondió: La mujer que me diste por compañera me dio del árbol, y yo comí. 13 Entonces Jehová Dios dijo a la mujer: ¿Qué es lo que has hecho? Y dijo la mujer: La serpiente me engañó, y comí. 

Si Adán  hubiera reconocido que se equivocó y hubiera pedido perdón, Dios lo hubiera perdonado, pero su condición de orgullo evitó que la misericordia de Dios lo alcanzara. ¿Sabes por qué no vemos Su gloria? Porque nos cuesta reconocer nuestras fallas y siempre buscamos otros culpables, culpamos a nuestras parejas o hijos.

El orgullo es  autosuficiencia, un concepto excesivo de sí mismo. Si Adán hubiera tomado otra actitud, si se hubiera humillado, hubiera sido un redentor para su esposa, porque el Postrer Adán se humilló a lo sumo y por eso su esposa está siendo redimida.

Debemos pedir que Dios nos cambie, en lugar de pedir que el otro lo haga. Dios no escucha nuestras oraciones porque no sabemos pedir. Debemos cambiar nuestra oración, porque aún en la forma de orar somos orgullosos. Debemos ser como Jesús que oraba diciendo: “perdónalos porque no saben lo que hacen”.

Debemos pedirle a Dios que el cambio se produzca en nosotros y que nos de la gracia para amar a los demás como son, porque eso lo conmueve. Dios no ha cambiado a las personas que quieres que Él cambie, porque las puso en tu camino para enseñarte a  ser humilde, para que cambies tú.

Tenemos que estar bajo Su voluntad para que sea Él que nos levante y no un hombre. Cuando Dios levanta a alguien, no hay hombre que lo pueda bajar; cuando un hombre levanta a otro hombre, puede otro hombre bajarlo.

Dios siempre escoge mejor que tú. Él es soberano y si una puerta se te cierra es porque hay una mejor que Él va a abrir. No hay que estar buscando el púlpito, deja que sea Él que te levante, porque la fuerza se obtiene en la intimidad. Los momento de mayor entrega es donde Dios se mueve y surgen remas.

Jacob amaba a Raquel, pero Dios le dio a Lea. Lea representa tu realidad.  Cuando Jacob logró casarse con Raquel, esta era estéril y vio Jehová que Lea era menospreciada por Jacob. Cuando menosprecias la realidad, tus sueños serán estériles.

De la realidad más terrible (es decir de Lea) vino Judá y de esta tribu vino lo más grande que ha pasado por la tierra que es Jesús. Eso quiere decir, que de las peores situaciones  surgen los mejores momentos de tu vida ministerial.

Proverbios 16:6 Con misericordia y verdad se corrige el pecado, y con el temor de Jehová los hombres se apartan del mal. 

Con misericordia y verdad se corrige el pecado, no con orgullo. La Biblia dice que el que confiesa sus pecados alcanzará misericordia (Proverbios 28:13). Si tienes algo en contra de un hermano no te quedes con eso, en otras palabras, baja la guardia. Si quieres que Dios haga grandes cosas en tu vida, no es por tus fuerzas sino por Él. Reconoce tus pecados ante Dios, siendo sincero, abriendo tu corazón.

No has experimentado la gloria de Dios porque no has reconocido tus pecados, por eso busca ayuda, no te quedes callado. Baja el orgullo, quizás eso es lo que está impidiendo que veas Su gloria. Ver la gloria de Jehová no es sinónimo de que alguien predique o ministre en el púlpito, porque puede tener apariencia de piedad, pero por dentro no tener verdad. Tiene que haber verdad si quieres que la gloria de Jehová se manifieste.

Debemos exponer nuestra condición humana, reconocer nuestros pecados  para ver la gloria de Dios, porque eso le agrada y es ahí cuando le damos el derecho de que Él se perfeccione en nuestras debilidades.

Jueces 7: 2 Y Jehová dijo a Gedeón: El pueblo que está contigo es mucho para que yo entregue a los madianitas en su mano, no sea que se alabe Israel contra mí, diciendo: mi mano me ha salvado.

Gedeón tenía un problema y es que era cobarde o miedoso, por eso, para cubrir su condición dijo que necesitaba un ejército de 30,000 hombres que pensaran estratégicamente como vencer. Este  pensó humanamente y cuando la estrategia humana sirve, el corazón se vuelve orgulloso, así que Dios sabiendo eso le dio instrucciones para reducir al mínimo aquel ejército con los  cuales vencería de Su mano y con Sus estrategias. Al final sólo quedaron 300 hombres.

Dios quiere perfeccionarte. No es con estrategias de hombres porque la victoria no es del hombre sino de Jehová.

La clave es entender que no es por nuestras fuerzas, sino por Él. No necesitas demostrar tu capacidad, porque Él te ama tal como eres.

¿Reconoces tu condición, reconoces que lo necesitas? Siente Su amor, porque el solo quiere amarte. Si quieres experimentar el consuelo de Dios, ríndete ante Él, reconoce tu condición.

 

 

 

 

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