Enfermos De Orgullo


“Mas Jehová hirió al rey con lepra, y estuvo leproso hasta el día de su muerte, y habitó en casa separada…” .
2 Reyes 15:5 (RV60)

Aquí se nos está hablando del rey Azarías (Uzías), quien hizo lo bueno delante de los ojos del Señor (v.3), sin embargo, al igual que su padre Amasías, llegó un momento en su vida, que las victorias y logros fueron puerta abierta al orgullo, su corazón se enalteció y quiso hacer su voluntad por encima de la de Dios; como consecuencia, fue herido con lepra (2 Crónicas 26:16-20). Él quiso una autoridad que no le había sido dada y desempeñar un oficio que no le correspondía.
Definitivamente el orgullo nos hace feos ante Dios, como esa lepra que brotó en este rey, pero lo peor es que nos aleja del Señor, nos coloca en cuarentena. Dice la Palabra que Dios ve de lejos al orgulloso. El rey tuvo que vivir el resto de sus días aislado, apartado de los demás. Cuidemos nuestro corazón de no ser infectado por este pecado que nos lleva a vivir alejados de nuestro Amado. Al igual que Azarías (Uzías), Satanás quiso ocupar un lugar que no le correspondía y fue echado del cielo; el remedio para evitar el orgullo y el creer que somos tan buenos y poderosos que también merecemos lo que el otro tiene, es un corazón agradecido y aprender a vivir en contentamiento con lo que Dios nos ha dado. No somos merecedores de tantas bendiciones, sin embargo, a Dios Le ha placido dárnoslas. Por lo tanto, no miremos lo que tiene el otro y nosotros no tenemos, más bien concentrémonos en cuánto nos ha dado Dios sólo por gracia y misericordia. ¡Hoy es una buena oportunidad para agradecer a Dios por Sus innumerables bendiciones!

Oración

Bendito Dios, gracias por tanto favor otorgado a mi vida, me siento pleno en Ti, sabiendo que lo que me has dado es lo que Tú sabes que necesito para cumplir el propósito por el cual existo. No necesito más, solo permanecer unido a Ti por siempre, pues alejado de Ti nada soy. Te pido que cada día, Espíritu Santo, traigas esto a mi memoria, pues quiero cultivar un corazón agradecido y humilde para mi Rey y Señor, en el Nombre de Jesús. ¡Amén!

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