La señal que tenemos que tener como pueblo de Dios por Pastor César Santil

La señal que tenemos que tener como pueblo de Dios por Pastor César Santil

Éxodo 12:3-11 Hablad a toda la congregación de Israel, diciendo: En el diez de este mes tómese cada uno un cordero según las familias de los padres, un cordero por familia. Mas si la familia fuere tan pequeña que no baste para comer el cordero, entonces él y su vecino inmediato a su casa tomarán uno según el número de las personas; conforme al comer de cada hombre, haréis la cuenta sobre el cordero. El animal será sin defecto, macho de un año; lo tomaréis de las ovejas o de las cabras. Y lo guardaréis hasta el día catorce de este mes, y lo inmolará toda la congregación del pueblo de Israel entre las dos tardes. Y tomarán de la sangre, y la pondrán en los dos postes y en el dintel de las casas en que lo han de comer. Y aquella noche comerán la carne asada al fuego, y panes sin levadura; con hierbas amargas lo comerán. Ninguna cosa comeréis de él cruda, ni cocida en agua, sino asada al fuego; su cabeza con sus pies y sus entrañas. Ninguna cosa dejaréis de él hasta la mañana; y lo que quedare hasta la mañana, lo quemaréis en el fuego. Y lo comeréis así: ceñidos vuestros lomos, vuestro calzado en vuestros pies, y vuestro bordón en vuestra mano; y lo comeréis apresuradamente; es la Pascua de Jehová.

La Pascua simbolizaba la fiesta que Dios quería dar a conocer a sus hijos, de que verdaderamente por medio de Él somos libres, dando como mandato principal el que se debía de comer un cordero sin mancha alguna, porque era mostrando que solo por medio de la sangre derramada en la Cruz por Jesús como Cordero inmolado, que se podía dar a conocer la promesa que plantea Juan 8:32 cuando dice: “Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres”.

Éxodo 12:13-14 Y la sangre os será por señal en las casas donde vosotros estéis; y veré la sangre y pasaré de vosotros, y no habrá en vosotros plaga de mortandad cuando hiera la tierra de Egipto. Y este día os será en memoria, y lo celebraréis como fiesta solemne para Jehová durante vuestras generaciones; por estatuto perpetuo lo celebraréis.

Esta ordenanza no sólo se aplica para aquellos tiempos del pasado, de cuando se impusieron en la antigüedad. La Palabra de Dios se cumple hoy y siempre, por tanto, esos estatutos perfectos de como celebrar la Pascua, es decir, de cómo celebrar el nombre de Cristo, se deben poner en práctica a la hora de celebrar nuestra libertad, que obtenemos por medio de Él, a fin de que podamos ser libres para adorarlo, para servirle y para declararle como nuestro único Salvador, rindiéndole la gloria y la honra que solo Él merece.

Espiritualmente hablando, las manchas o marcas de sangre a que se refieren los versículos anteriores, las cuales se ponían en las puertas, simbolizan que como cristianos debemos dejar una marca o una señal donde quiera que estemos y andemos, pues somos evidencia de la luz de Cristo en todo.

Éxodo 12:22-23 Y tomad un manojo de hisopo, y mojadlo en la sangre que estará en un lebrillo, y untad el dintel y los dos postes con la sangre que estará en el lebrillo; y ninguno de vosotros salga de las puertas de su casa hasta la mañana. Porque Jehová pasará hiriendo a los egipcios; y cuando vea la sangre en el dintel y en los dos postes, pasará Jehová aquella puerta, y no dejará entrar al heridor en vuestras casas para herir.

Dios por medio de este pasaje, quiere darnos a entender que Él desea poner una señal en nuestras casas que nos identifique ante lo que vaya a venir, porque donde Él planta Su justicia, aunque pase el heridor, no podrá hacernos daño, porque con la marca de la sangre de Cristo, nada ni nadie podrá tocarnos, ya que dicha señal simboliza que allí vive un justo.

Éxodo 12:24 Guardaréis esto por estatuto para vosotros y para vuestros hijos para siempre.

A través de este mandato, Dios quiere que apliquemos esto como un ejercicio de fe, guardando cada uno de Sus estatutos y que nuestras futuras generaciones y descendencia, de igual manera conozcan de aquellos mandamientos, que se los inculquemos. Claramente Dios desea afianzar Su promesa en nuestras vidas y que marquemos nuestro corazón y nuestras casas con la marca de salvación obtenida gracias al poder de Su sangre derramada en la Cruz.

Éxodo 30: 1 Harás asimismo un altar para quemar el incienso; de madera de acacia lo harás.

Tanto Abraham como todos los hombres de Dios en su Palabra, adondequiera que llegaban, levantaban un altar a Dios, y cuando el texto hace mención de: “Harás asimismo un altar para quemar el incienso…” el incienso en este verso se refiere a la oración por parte de los justos elevada a Dios en el altar.

Génesis 4:3 Y aconteció andando el tiempo, que Caín trajo del fruto de la tierra una ofrenda a Jehová.

Actualmente nuestro altar tiene un nombre y es Cristo, donde podemos entrar a Su Presencia y podemos alabarle y adorarle con libertad, tomando en cuenta que la obediencia hacia Su Palabra vale más que cualquier sacrificio u holocausto que podamos llevarle a Dios.

Caín le había llevado a Dios una ofrenda del fruto de la tierra, sim embargo, Dios sabía que este tenía malas maquinaciones en su corazón, y para Dios la mejor ofrenda es una vida encarrilada en la obediencia y rectitud de Su Palabra.

Éxodo 12:21 Y Moisés convocó a todos los ancianos de Israel, y les dijo: Sacad y tomaos corderos por vuestras familias, y sacrificad la pascua.

1 Corintios 5:7 Limpiaos, pues, de la vieja levadura, para que seáis nueva masa, sin levadura como sois; porque nuestra pascua, que es Cristo, ya fue sacrificada por nosotros.

I Corintios 5 verso 7 nos resalta e identifica que nuestra Pascua es Cristo, Aquel que fue hecho carne, Él que habitó entre nosotros y murió en la Cruz por nuestros delitos y pecados.

Isaías 53:2 Subirá cual renuevo delante de él, y como raíz de tierra seca; no hay parecer en él, ni hermosura; le veremos, más sin atractivo para que le deseemos
.
La casa donde vivimos o donde habitamos, es para que nos reunamos a comer de este Cordero, es decir, para que nos alimentemos espiritualmente de Su Palabra, compartiéndola a nuestros vecinos y a todos aquellos que nos rodean, para glorificar el nombre de Dios haciendo Su voluntad, y que esta misma Palabra sea la que declaremos en los dinteles de nuestros hogares y entonces este acto será por señal para conservación de nuestras vidas ante pruebas o batallas espirituales.

Levítico 16:14-16 Tomará luego de la sangre del becerro, y la rociará con su dedo hacia el propiciatorio al lado oriental; hacia el propiciatorio esparcirá con su dedo siete veces de aquella sangre. Después degollará el macho cabrío en expiación por el pecado del pueblo, y llevará la sangre detrás del velo adentro, y hará de la sangre como hizo con la sangre del becerro, y la esparcirá sobre el propiciatorio y delante del propiciatorio. Así purificará el santuario, a causa de las impurezas de los hijos de Israel, de sus rebeliones y de todos sus pecados; de la misma manera hará también al tabernáculo de reunión, el cual reside entre ellos en medio de sus impurezas”.

Debemos procurar poner la Sangre de Cristo como marca o señal en los dinteles de nuestras casas, no limitándonos solamente adonde vivimos sino también en la casa de Dios, es decir, en la Iglesia, ya que, tal como se expresó en los versos anteriores, el Tabernáculo de reunión hace referencia al altar de Cristo.

Isaías 54:17 Ninguna arma forjada contra ti prosperará, y condenarás toda lengua que se levante contra ti en juicio. Esta es la herencia de los siervos de Jehová, y su salvación de mí vendrá, dijo Jehová.

En este versículo se destaca el poder de Cristo sobre el poder del enemigo. El derramamiento de la Sangre de Cristo en la Cruz nos libra de todo pecado y de toda asechanza y plan maligno del enemigo como consecuencia del pecado.

En Génesis, en el principio, cuando el enemigo se rebeló contra Dios, era porque este quería ser semejante en poder al Padre. A Adán y a Eva, cuando fueron tentados por el enemigo, lo que más les llamó la atención, era que si comían del fruto que se les había prohibido, tendrían conocimiento, por lo cual, obviando el mandato que les estableció Dios, comieron. Ellos no asimilaron la verdad de que no hay conocimiento sin la revelación de Cristo.

Por medio de Cristo, es que podemos tener revelación santa, exclusivamente proveniente del conocimiento de Su Palabra, y por esta causa esta Palabra establece:

Romanos 8:1 “Ahora pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, mas conforme al espíritu”.

En este verso se resalta una gran verdad, y es que no hay ninguna condenación para aquellos que caminamos en Cristo, pues somos linaje escogido y real sacerdocio, porque fuimos cubiertos por medio de Su Sangre que nos limpia de todo pecado y nos hace pertenecer a Su Reino.

I Pedro 2:4-5 Acercándoos a él, piedra viva, desechada ciertamente por los hombres, más para Dios escogida y preciosa, vosotros también, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual y sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo.

Como piedra viva, en Cristo nos convertimos en casa espirituales, nuestros cuerpos como templos del Espíritu Santo tal como lo expresa ese pasaje.

1 Corintios 6:19 ¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros?.

Cada vez que nos postramos ante Dios y declaramos que por su Sangre somos salvos y entramos a Su presencia en comunión y santidad con Él, adquirimos autoridad de poner dichas “marcas de sangre” por señal en nuestras casas, iglesias y nuestros corazones, para ser apartados únicamente para Dios.

Proverbios 4:23 Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; porque de él mana la vida.

Mateo 12:34 Generación de víboras! ¿Cómo podéis hablar lo bueno, siendo malos? Porque de la abundancia del corazón habla la boca.

Estos versos anteriores hacen referencia de que debemos cuidar la condición de nuestros corazones, porque estos dictan la condición de nuestras vidas. Estas condiciones pueden dictar cuan bien o mal estamos ante Dios, y de esta manera su Sangre puede limpiarnos, renovarnos y perfeccionarnos hasta el fin.

Isaías 54:17 Ninguna arma forjada contra ti prosperará, y condenarás toda lengua que se levante contra ti en juicio. Esta es la herencia de los siervos de Jehová, y su salvación de mí vendrá, dijo Jehová.

La sangre de Cristo inmolado en la Cruz, es la única que tiene el poder de santificarnos, darnos valentía, y hacernos humillar y entender su Sacrificio a fin de que seamos salvos por Él y para Él.

Isaías 1:11-13 ¿Para qué me sirve, dice Jehová, la multitud de vuestros sacrificios? Hastiado estoy de holocaustos de carneros y de sebo de animales gordos; no quiero sangre de bueyes, ni de ovejas, ni de machos cabríos. ¿Quién demanda esto de vuestras manos, cuando venís a presentaros delante de mí para hollar mis atrios? No me traigáis más vana ofrenda; el incienso me es abominación; luna nueva y día de reposo, el convocar asambleas, no lo puedo sufrir; son iniquidad vuestras fiestas solemnes.

1 Samuel 15:22 Y Samuel dijo: ¿Se complace Jehová tanto en los holocaustos y víctimas, como en que se obedezca a las palabras de Jehová? Ciertamente el obedecer es mejor que los sacrificios, y el prestar atención que la grosura de los carneros.

Dios abomina la religiosidad, los holocaustos u ofrendas que no están acompañadas de la obediencia y devoción hacia Su Palabra, pues Él busca una relación íntima con nosotros. A fin de cumplir lo que se establece en Mateo 6:6 cuando dice: “Mas tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cerrada la puerta, ora a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público”.

Filipenses 2:5-8 Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de Cruz”

Reflexión:

Hay una gran promesa cuando declaramos: “Yo y mi casa serviremos a Jehová”, cuando lo confesamos y lo ponemos en los dinteles de nuestras casas, y con convicción de pecado confesamos que Su Sangre limpió nuestros pecados, y es que esta libertad que solo se consigue por medio de Cristo, marca nuestras futuras generaciones, para que sean bendecidas por medio del conocimiento de Su Palabra y pertenencia a Dios, que limita que se extravíen nuestras mentes a las atracciones o tentaciones de este mundo y provoca que el enemigo no pueda tocarnos porque ya la Sangre de Cristo nos sirve de cobertura y Su Salvación de unción por medio de Su Gracia.

 

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