NO MIS DESEOS, SINO LOS TUYOS


“Bien pronto olvidaron sus obras; No esperaron su consejo. Se entregaron a un deseo desordenado en el desierto; Y tentaron a Dios en la soledad. Y él les dio lo que pidieron; Mas envió mortandad sobre ellos.”
Salmo 106:13-15 (RV60)

Observemos varios puntos que llevaron a Israel a experimentar destrucción de parte de Dios. Primero, ellos olvidaron las obras que Dios había mostrado hacia ellos, una y otra vez, había queja, no mostraban gratitud; segundo, no esperaron el consejo de Dios con relación a sus deseos; tercero, comenzaron a dejarse dominar por deseos mundanos, querían saciar sus gustos sin importar cuál era el deseo de Dios; por último, tentaron a Dios. Es así como poco a poco nos podemos alejar de Dios y comenzar a pedir lo que no nos conviene. No todo lo que Dios nos da es porque es Su voluntad perfecta, muchas veces Dios nos da lo que tanto pedimos para que experimentemos las consecuencias de nuestras decisiones basadas en nuestra propia prudencia. De esto podemos aprender, que antes de pedir, debemos esperar el consejo de Dios y seguirlo, convencidos de que Él tiene lo mejor para nosotros, si no nos da lo que queremos, es porque no nos conviene. Los deseos de la carne solo traerán, al final, deterioro a nuestra vida.

Oración

Señor, quiero esperar Tu sabio consejo, reconozco que me formaste, me conoces y sabes lo que más me conviene, no concedas todo lo que te pido, solo lo que me mantendrá en Tus sendas y me acerque más a Ti, en Tu nombre lo pido, ¡amén!

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