REY Y SACERDOTE


“Juró Jehová, y no se arrepentirá: Tú eres sacerdote para siempre Según el orden de Melquisedec.”
Salmo 110:4 (RV60)

Este versículo nos habla de la doble función de Sacerdote y Rey, ya que Melquisedec fue sacerdote y rey de Salem (antigua Jerusalén) en los tiempos de Abraham (Hebreos 7:1). De acuerdo a lo que se nos dice en la carta a los Hebreos, el orden sacerdotal de Melquisedec era superior al de Leví, pues no era temporal, sino por siempre (Hebreos 5:6), fue a él quien Abraham dio sus diezmos como reconocimiento de Su reinado, y él como sacerdote lo bendijo (Hebreos 7:12). Melquisedec estaba prefigurando el sacerdocio de un orden superior y perfecto, el de Cristo, así como Su Reinado. Es interesante, que una y otra vez, en Hebreos se nos habla sobre la superioridad de este sacerdocio sobre el de Aarón, pues, como hombres imperfectos, era necesario que ofrecieran sacrificios por sus pecados y necesitaban purificarse. Cristo, nuestro Sacerdote y sacrificio perfecto, ofreció y se ofreció, lo que hizo que ya no fuera necesario mantener los ritos de sacrificios, pues el Suyo fue suficiente (Hebreos 7:11) para nuestra redención (Hebreos 9:12). Él se ofreció una vez y para siempre para rescatarnos, salvarnos, purificarnos, justificarnos, sanarnos, santificarnos, restaurarnos y mucho más.

Oración

Señor, gracias porque por Tu sacrificio y sacerdocio perfectos, me redimiste por siempre, pagaste el precio que me correspondía, y ahora solo tengo que creer esta verdad y experimentar las bendiciones que Tu obra trae a mi vida y vivir eternamente agradecido, ¡amén!

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