Como Dios habla y que escuchamos nosotros

Hebreos 1:1 Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas.

Dios siempre ha estado hablando, lo ha hecho de múltiples formas y maneras. En la antigüedad lo hizo a través de los profetas y esto ha quedado para nosotros como enseñanza.

Para los que no quieren escuchar a oros hombres, Dios se vale de la naturaleza.

Salmos 19:1 Los cielos cuentan la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de sus manos.

Aun lo creado habla por Dios. Dijo Jesús en una ocasión que si nosotros nos calláramos, las piedras hablarían, porque de alguna manera Dios siempre ha querido hablarnos, pero nosotros escuchamos lo que queremos y somos capaces de postergar lo que Dios quiere para nosotros y nos hacemos lo desentendidos. Dejamos de lado lo que no nos conviene y tomamos lo que nos conviene, según nuestro entendimiento.

Como habla Dios y como oímos nosotros

Veamos ejemplos de conversaciones de Jesús, en las cuales las personas a las que Él les hablaba, no entendían lo que Él les quería comunicar.

La Biblia nos muestra a personas que estuvieron delante de Dios, real, Cristo Jesús, y no entendieron lo que Él les dijo.

De alguna manera Dios nos habla a nuestro corazón, a nuestra mente y por alguna razón no logramos conectar lo que Él nos dice y lo que escuchamos.

Los judíos

Juan 2:18-21 Y los judíos respondieron y le dijeron: ¿Qué señal nos muestras, ya que haces esto? Respondió Jesús y les dijo: Destruid este templo, y en tres días lo levantaré. 20 Dijeron luego los judíos: En cuarenta y seis años fue edificado este templo, ¿y tú en tres días lo levantarás? 21 Mas él hablaba del templo de su cuerpo.

Cristo a la pregunta de los judíos de cual señal les haría, comenzó a anunciar Su muerte, pero ni los discípulos ni los judíos que lo escuchaban, entendieron lo que quiso decirles.

Jesús hablaba de Su cuerpo físico y ellos se referían al templo edificado por Zorobabel, el que Herodes había necesitado 46 años para reconstruirlo.

Ellos pidieron señal y Él se las dio. A veces le pedimos señal a Dios y Él nos la da, y nosotros entendemos otra cosa porque la señal que Él mandó no era la que estábamos esperando.

¿Cuantas veces Dios nos ha dicho que va a destruir algo en nuestras vidas, pero que podemos confiar en que Él tiene poder para volverlo a edificar en una manera mucho mejor? Como el Alfarero Divino que rompe el vaso para volverlo a hacer como Él quiere.

Cuando Dios destruye cosas en nuestras vidas para volverlas a hacer y nosotros las creemos perdidas, Dios nos las quita para dárnosla mejor, multiplicadas. En algún momento Dios te va a pedir lo que más amas, por eso te aconsejo que se lo entregues antes de que Él lo pida.

Nicodemo

Juan 3:1-2 Había un hombre de los fariseos que se llamaba Nicodemo, un principal entre los judíos. 2 Este vino a Jesús de noche, y le dijo: Rabí, sabemos que has venido de Dios como maestro; porque nadie puede hacer estas señales que tú haces, si no está Dios con él.

De entrada Nicodemo reconocía que las señales que Cristo hacia solo las podía hacer el que venía de Dios. La fama de Jesús había crecido, caminaba sobre las aguas, resucitaba muertos, echaba fuera demonios, sanaba enfermos.

Nicodemo representa a los que se acercan a Dios movidos por la curiosidad de lo que Él la hecho en nosotros.

Se interesan muchas veces por conocer a aquel que cambió, sanó, restauró a alguien que ha sus ojos era imposible que les pasara algo así.

Si estas pasando por una prueba grande, es porque quizás Dios quiere alcanzar a alguien a través de ti, puede que alguien diga quiero conocer al Dios que te sacó de donde estabas o que te sanó.

La respuesta de Jesús fue desconcertante para un maestro de La Ley como Nicodemo.

Juan 3:3 Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios.

Cristo hablaba en un idioma y él entendía otra cosa.

Juan 3:4 Nicodemo le dijo: ¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre, y nacer?

Cristo aclaró la duda de Nicodemo

Juan 3:5 Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios.

Muchas veces vamos a Jesús con una pregunta que nos atormenta y la respuesta ya preconcebida en nuestra mente, y si la pregunta no es lo que esperamos, nos frustramos.

Vamos a Él con nuestra necesidad y la forma de cómo queremos que Él la supla o resuelva.

Nos revelamos a Su forma y manera, queremos la nuestra.

La Samaritana

Juan 4:7-9 Vino una mujer de Samaria a sacar agua; y Jesús le dijo: Dame de beber. 8 Pues sus discípulos habían ido a la ciudad a comprar de comer. 9 La mujer samaritana le dijo: ¿Cómo tú, siendo judío, me pides a mí de beber, que soy mujer samaritana? Porque judíos y samaritanos no se tratan entre sí.

Cuando Cristo habló con la samaritana estaba rompiendo dos paradigmas:

• Uno porque los samaritanos y los judíos no se hablaban, porque los samaritanos eran el producto de una mezcla de los judíos con un pueblo pagano, lo cual a los ojos de los judíos era una abominación delante de Dios.
• Además los hombres no le hablaban a las mujeres, no se usaba en esa época.

Juan 4:10 Respondió Jesús y le dijo: Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: Dame de beber; tú le pedirías, y él te daría agua viva.

Cristo le hablaba de agua espiritual y ella hablaba de la del pozo.

Juan 4:11.15 La mujer le dijo: Señor, no tienes con qué sacarla, y el pozo es hondo. ¿De dónde, pues, tienes el agua viva? 12 ¿Acaso eres tú mayor que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, del cual bebieron él, sus hijos y sus ganados? 13 Respondió Jesús y le dijo: Cualquiera que bebiere de esta agua, volverá a tener sed; 14 mas el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna. 15 La mujer le dijo: Señor, dame esa agua, para que no tenga yo sed, ni venga aquí a sacarla.

¿Cuál será nuestra clase de sed? Muchas veces vamos al mismo pozo conformados con saciar la sed de nuestra vida de forma momentánea.

Podemos tener sed de justicia, venganza, amor, de un abrazo, de un esposo, de hijos, de un trabajo, de una casa, de salud, pero solo podemos decirte que hay una sed que tenemos que no la sacia nada material. Hay tanta gente amargada y sufriendo porque entiende que ha fracasado, porque no ha conseguido lo que quiere, pero Dios puede saciar la sed que sea, si bebemos de Su agua, porque teniéndolo a Él lo tenemos todos.

¿Dónde ponemos nuestra razón de vivir?, ¿Te has preguntado porque estás vivo? Si contestas esas preguntas con otra cosa que no sea Dios estás equivocado.

Nuestra razón de ser no debe ser alcanzar una vida de adoración y de alabanza, no vivimos para consagrarnos, vivamos para Dios y Él hace que me consagre, que tenga vida devocional, porque se cumple lo que Cristo dijo: “buscad primeramente el reino de Dios y Su justicia y todo lo demás vendrá por añadidura”. Que tu sed sea Dios, que podamos decirle como el salmista: “tengo sed de ti”.

Los discípulos

Juan 4:31-34 Entre tanto, los discípulos le rogaban, diciendo: Rabí, come. 32 El les dijo: Yo tengo una comida que comer, que vosotros no sabéis. 33 Entonces los discípulos decían unos a otros: ¿Le habrá traído alguien de comer?

Este pasaje nos muestra como podemos confundir lo que para Dios es una necesidad y lo que entendemos nosotros.

Es cuando queremos encajar a los demás en la forma que creemos que las cosas de Dios deben hacerse.

Tienes que orar como yo lo hago, sin darme cuenta de que el otro puede estar saciado. No podemos vivir moldeando vidas ajenas. Las denominaciones religiosas quieren hacerlo y lo peor es que vivimos descalificando a los demás si no son como nosotros.

El que no está de acuerdo con lo que hago y pienso, está fuera y destituido de la gloria de Dios, pero no porque Dios lo haya hecho, sino porque simplemente yo lo bajé de ahí.

Lo que satisface a Dios de mi vida necesariamente no lo hará en la otra. Esto es personal de cada cual.

Los que siguen a Jesús por los que les da

Juan 6:31.34 Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: Pan del cielo les dio a comer. 32 Y Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: No os dio Moisés el pan del cielo, mas mi Padre os da el verdadero pan del cielo. 33 Porque el pan de Dios es aquel que descendió del cielo y da vida al mundo. 34 Le dijeron: Señor, danos siempre este pan.

Cristo quiere que entendamos que teniéndolo a Él lo tenemos todo.

Él es nuestro alimento, quien nos sustenta en la vida, el sacia todo tipo de hambre que podamos tener.

Vamos tras el pan que nos sacia, lloramos por alcanzar lo pasajero.

Le damos importancia a las marcas, a lo que comemos, no nos fijamos que somos dichosos porque tenemos ropa y comida. Vamos tras la vanidad.

Juan 6:51-53 Yo soy el pan vivo que descendió del cielo; si alguno comiere de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo daré es mi carne, la cual yo daré por la vida del mundo. 52 Entonces los judíos contendían entre sí, diciendo: ¿Cómo puede éste darnos a comer su carne? 53 Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: Si no coméis la carne del Hijo del Hombre, y bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros.

El diablo logra meternos en la cabeza que no participemos en la mesa del Señor, nos dice: ¿cómo tú con lo que hiciste o haces vas a participar de la mesa del Señor? No eres digno, pero la sangre de Cristo nos hace dignos, si nos arrepentimos y nos apartamos, podemos participar, Dios no rechaza un corazón contrito y humillado.

Comer la carne y beber la sangre de Cristo no tiene nada que ver con canibalismo o ritos extraños con la sangre.

Es el querer tener comunión con Él, es participar de su padecimiento y aceparlo como el sacrificio suficiente para garantizarnos que no moriremos, sino que viviremos y por tanto no moriremos eternamente.

CONCLUSIÓN

• Permitamos que Dios destruya las cosas que nos hacen daño.
• Acerquémonos a Cristo para que haga en nosotros el milagro de hacernos nacer de nuevo, de hacer nuevas todas las cosas.
• Anhelemos el agua de vida que sacia toda sed que podamos tener.
• Dejemos que Dios nos muestre lo que Él quiere y no hagamos a los demás llevar cargas que ni nosotros podemos llevar.
• Busquemos saciar el hambre que hay en nosotros con lo que sacia de verdad.
• Deseemos ser de los que queremos estar comprometidos, estando cerca, nunca de lejos.

 

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