El barro y la vasija de agua del alfarero

El Señor nos compara con ovejas porque necesitamos de un pastor. Nos compara con semillas y con tantas cosas, como con pámpanos. También nos compara con barro, pero no con cualquier barro, sino con barro en manos del alfarero.

¿Quién es el alfarero divino? Cristo, ¿Quiénes somos el barro? Nosotros. Ahora, ¿quién escoge a quien?, ¿Es el barro que escoge al alfarero o el alfarero que escoge al barro? El alfarero, Él te escogió.

2da. a los Corintios 4:7 Pero tenemos este tesoro en vasos de barro, para que la excelencia del poder sea de Dios, y no de nosotros.

Romanos 9:21 ¿O no tiene potestad el alfarero sobre el barro, para hacer de una misma masa un vaso para honra y otro para deshonra?

Hay quienes ignoran que tenemos un tesoro. ¿Cuántos tienen a Cristo adentro?, ¿Cuántos tienen al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo? Entonces, tenemos dentro un tesoro. Nosotros tenemos el verdadero valor y está dentro de nosotros, se llama Jesucristo.

Ignoran que tiene ese tesoro y viven por eso de forma miserable. Hay otros que saben que lo tienen, pero se les olvida la otra parte, dónde está ese tesoro, que es en vasos de barro. El vaso de barro tiene el valor adentro, pero realmente lo que vale es lo que está dentro, y luego eso le da valor a lo que está afuera, que somos nosotros, en otras palabras nuestro valor se llama Jesucristo.

Además para que la excelencia del poder sea de Dios y no de nosotros. Cuánta gente ignora esta verdad y cree que el poder es de ellos. La clave está en saber que tenemos un tesoro de Dios adentro. Si tienes a Cristo tienes ese tesoro, pero lo segundo, en vaso de barro. Lo tercero, tenemos ese poder, pero ese poder de excelencia no es de nosotros, sino es Dios en nosotros.  

El alfarero utiliza diez elementos para hacer una vasija de barro. Es un proceso en el que intervienen el alfarero, el barro, la vasija de agua, la rueda, el fragmento de una vasija cóncava y otros elementos. Antes de hacer una vasija de barro el Alfarero ya sabe lo que va a hacer.  

Si supiéramos cuanto tuvo que pagar Dios para que fuéramos barro en Sus manos.

Mateo 27:7-8 Y después de consultar, compraron con ellas el campo del alfarero, para sepultura de los extranjeros. Por lo cual aquel campo se llama hasta el día de hoy: Campo de sangre.

El precio que tuvo que pagar Cristo fue su sangre. Nuestro precio no es cualquier precio, valemos más que oro, más que plata, la sangre de Jesús. Para estar siendo moldeados por las manos de nuestro Alfarero Divino, El tuvo que pagar un precio muy alto, su propia sangre. El hombre comenzó en la mente de Dios, en Su corazón, pero también usó barro, usó polvo.

En Adán todos pecamos, la paga del pecado es muerte. Todos somos pecadores. Viene Cristo y paga el precio de sangre. Por más que hayamos hecho para ofender a Dios, El hizo algo más grande para salvarnos.

El barro esta ahí, no vale nada, barro sucio, asqueroso, pero lo que le da valor es el Alfarero. El Alfarero no ve barro, ve una vasija que Él ya pensó en su mente, no nos ve como éramos, él nos ve como Él nos diseñó.

Del campo del alfarero al proceso del barro, y luego a la rueda; pero para llegar ahí había que mojar el barro. Entonces ponerlo en la rueda del alfarero.  

Jeremías 18:1-2 Palabra de Jehová que vino a Jeremías, diciendo: Levántate y vete a casa del alfarero, y allí te hare oír mis palabras.

La iglesia es la casa del Alfarero, no es iglesia de hombres, es iglesia de Cristo, porque Él la compró con Su sangre. Allí oímos las palabras, allí nos habla Dios. Uno sale lleno de lo que va a ver o a oír a la iglesia.

Jeremías 18:3-4 Y descendí a casa del alfarero, y he aquí que él trabajaba sobre la rueda. Y la vasija de barro que él hacia se echo a perder en su mano; y volvió y la hizo otra vasija, según le pareció mejor hacerla.

El Alfarero no tomó otro barro, ni tiró el que se echó a perder, por que valoraba el barro, porque sabía que lo había comprado a un precio muy alto. El Alfarero no nos desecha, vuelve a hacernos de nuevo con la misma masa, porque valemos demasiado, valemos más que oro, valemos más que plata, valemos la sangre de Jesús.

La gente le pone el valor a las cosas de acuerdo a lo que ame, por lo que se sienta apasionado. ¿Y qué precio le dio el Señor al barro? El Señor pagó un alto precio por nosotros, Él nos ama, es apasionado con nosotros, no abandonó la obra de Sus manos.

El barro se amasa y se pisa para hacerlo dócil. El Señor muchas veces permite que hombres cabalguen sobre nuestra cabeza.

Salmos 66:10-12 Porque tú nos probaste, oh Dios; nos ensayaste como se afina la plata.
Nos metiste en la red; pusiste sobre nuestros lomos pesada carga. Hiciste cabalgar hombres sobre nuestra cabeza; pasamos por el fuego y por el agua, y nos sacaste a abundancia

PASOS PARA QUE EL BARRO ESTE EN LA RUEDA

  1. El campo del alfarero, fue un campo comprado a precio de sangre.
  2. Recolección del barro.
  3. Hacer polvo del barro.
  4. Se pone a secar al Sol.
  5. Se le echa el agua.
  6. Se amasa.
  7. Lo ponen sobre la rueda.
  8. Comienza a moldearlo. Si se echa a perder lo hace de nuevo.
  9. Proceso del pulido.
  10. Diseños exclusivos donde pone su sello.
  11. El horno final.

Lo que permite que lleve el sello y la firma del alfarero y no se rompa, es llevarlo al horno final para que se seque y esos diseños perduren.

Nosotros tenemos un precio alto. El Alfarero divino, el Alfarero real nos hizo y por eso tiene que poner un sello, y conoce el Señor a los que son suyos. Eso tiene un sello.

2a a Timoteo 2:19 Pero el fundamento de Dios está firme, teniendo este sello: Conoce el Señor a los que son suyos; y: Apártese de iniquidad todo aquel que invoca el nombre de Cristo. 

El alfarero no comienza a trabajar el barro hasta que lo hace polvo, porque son los alfa y omega, son el principio y fin. Comenzó el hombre del polvo para volver a serlo. Si pierde o falla lo vuelven a hacer de nuevo, lo tiene que deshacer para hacer una vasija mejor.

No es el barro que escoge al alfarero, es el alfarero que lo escoge con un propósito. El barro más dócil no es el que se amasa, sino primero se pisotea. El barro tiene que ser amasado de forma enérgica, para que no tenga vacíos ni áreas sin la cantidad necesaria de agua.

Job 38:38 Cuando el polvo se ha convertido en dureza, y los terrones se han pegado unos con otros?

Job 42:5-6 De oídas te había oído; Mas ahora mis ojos te ven. Por tanto me aborrezco, y me arrepiento en polvo y ceniza.

Hasta que no nos hacen polvo nuestro yo, nuestro orgullo, nuestra autosuficiencia, de su forma, de su religiosidad, de sus conceptos, Dios no comienza a trabajar.

Génesis 2:7 Entonces Jehová Dios formo al hombre en el polvo de la tierra, y sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente.

Génesis 3:14 Y Jehová Dios dijo a la serpiente: Por cuanto esto hiciste maldita serás entre todas las bestias y entre todos los animales del campo; sobre tu pecho andarás, y polvo comerás todos los días de tu vida.  

Aquí está hablando de la serpiente antigua que se llama Satanás. Sin Cristo uno es puro polvo y eso es lo que se come el Diablo. Pero también si la gente se queda solo en el proceso y se aleja de Él. El alfarero cuando hace polvo tiene algo bueno para el barro.

EL ALFARERO QUE SE HIZO BARRO Y VASIJA POR AMOR A NOSOTROS

Nuestro alfarero divino, para ser alfarero también se hizo barro. Y el fue la vasija de barro que tuvo que ser deshecha.

Job 19:25 Yo se que mi Redentor vive, y al fin se levantará sobre el polvo;

La victoria de Jesús es que Él venció a Satanás en la cruz del calvario cuando ocupó nuestra naturaleza, pero también por cuanto era el Hijo de Dios, resucitó de entre los muertos. Jesús es 100% Dios y 100% hombre.

Romanos 1: 4 que fue declarado Hijo de Dios con poder, según el Espíritu de santidad, por la resurrección de entre los muertos.

En la resurrección de Jesús de entre los muertos intervinieron El Padre, el Espíritu Santo y Él mismo, por que el mismo Jesús dijo yo tengo poder para entregar mi vida y para volverla a tomar, por tanto Jesucristo no es una creación, es Dios.

Juan. 1:1 En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios.

Juan. 1:14 Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad.

Lo que quiere decir que El moría siendo Dios; pero la gente no lo miraba así.

Isaías 53:3-5 Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto; y como que escondimos de él el rostro, fue menospreciado, y no lo estimamos. Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados.

Simbólicamente cuando el barro está siendo hecho polvo, es molido, pues El fue molido por nuestros pecados.

Mirando los dobles oficios de Jesús, vemos que El fue el Sembrador y también la Semilla que cayó a tierra y murió para dar fruto. Somos el fruto de Su aflicción. Es el Pastor, pero también el Cordero mudo que fue llevado al matadero. Es el Alfarero Divino y también la Vasija que tuvo que ser desecha, para que nosotros fuéramos reconstruidos.

Nosotros éramos barro sin valor, vasijas sin valor, pero El fue la vasija, se hizo hombre y entró en la categoría de polvo, pero como era el Hijo de Dios, cuando murió no encontraron polvo, resucitó al tercer día.

El barro para ser moldeado y darle la forma que el alfarero diseñó necesita de agua, no solo para el amasado sino en la rueda. La mano del alfarero tiene que estar húmeda juntamente con el barro. Si tiene mucha agua se daña, si tiene poca agua se daña. Si tiene mucha agua está muy blando y no soporta el proceso; pero si tiene poca agua se raja, se cuartea.

El alfarero experimentado mide la humedad del barro con el tacto de su mano, si está muy seco o muy húmedo se echa a perder.

Si no tenemos agua nos quedamos polvo y la serpiente come polvo, pero no una masa preparada por Dios, en las manos del Alfarero.

Juan 7:37-38 En el último y gran día de la fiesta, Jesús se puso en pie y alzo la voz, diciendo: Si alguno tiene sed, venga a mí y beba. El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva.

Cristo es el Hijo, el Unigénito, el Primogénito del Padre, aquel que era el Verbo y que se hizo carne. Todo fue creado por medio de Él y para Él, todas las cosas en Él subsisten. Ese es nuestro Señor.  

El agua representa a Jesús, Él es el agua viva, pero también representa la Escritura, la Palabra de Dios. También representa a Dios Espíritu Santo.

Cuando uno acepta a Jesús, inmediatamente comienza esa agua y el Espíritu Santo a trabajar en nosotros. Dice la Palabra que con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación, y Jesús dijo que el que lo confesare delante de los hombres, Él lo va a declarar o confesar delante de Su Padre, pero que al que lo niegue delante de los hombres, Él lo va a negar delante de Su Padre.

Entonces necesitamos venir al conocimiento de la Palara, al Espíritu Santo, pero también dejar entrar a Jesús, Él es el agua de vida. Si ya llegaste a Jesús ¿por qué te secas? Porque se necesita la Palabra, se necesita al Espíritu Santo. Si se pierde la comunión con el Espíritu Santo uno se seca.

Juan 4:13-14 Respondió Jesús y le dijo: Cualquiera que bebiere de esta agua, volverá a tener sed; mas el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna.

¿Cómo adquirimos del agua del Señor? Dice la Palabra que no os embriaguéis con vino, en el cual hay disolución, antes bien sed llenos del Espíritu Santo. ¿Y cómo podemos ser llenos del Espíritu Santo, del agua? Hablando entre vosotros con salmos, con himnos y cánticos espirituales, cantando y alabando al Señor en vuestros corazones.    

Colosenses 3:16 La palabra de Cristo more en abundancia en vosotros, ensenándoos y exhortándoos unos a otros en toda sabiduría, cantando con gracia en vuestros corazones al Señor con salmos e himnos y cánticos espirituales.

¿CÓMO ADQUIRIMOS EL AGUA DEL SEÑOR?

Hebreos 10:22-25 Acerquémonos con corazón sincero, en plena certidumbre de fe, purificados los corazones de mala conciencia, y lavados los cuerpos con agua pura. Mantengamos firme, sin fluctuar, la profesión de nuestra esperanza, porque fiel es el que prometió. Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras; no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca.

Se acerca el día de Cristo, cuando el Señor viene por Su amada, pero también el día de Jehová, siete años de ira para el mundo nunca vistos. Esta es la enfermedad del último tiempo, barro seco, barro que se echó a perder, barro que le cayó agua sucia, agua extraña por andar buscando doctrinas extrañas.

Isaías 45:9 ¡Ay del que pleitea con su Hacedor! ¡el tiesto con los tiestos de la tierra! ¿Dirá el barro al que lo moldea: ¿Qué haces?; o tu obra: No tiene manos?

CONCLUSIÓN

El secreto del barro consiste en que tenga la cantidad necesaria de agua. Además de un amasado enérgico, para que no tenga vacíos ni partes más húmedas o secas que otras. El valor nuestro no está en nosotros mismos, sino en el Alfarero que nos tomó para hacer una obra de arte.

El Alfarero Divino tuvo que pagar el precio más alto, para comprar el campo de donde saca materia prima, el barro. Valemos demasiado, no es el barro que escoge al alfarero, es éste que lo escoge con un propósito.

El barro más dócil no es el que se amasa solamente con las manos, sino que primero hombres lo pisotean con los pies. No nos están humillando, nos están preparando para ser dóciles. Si nos humillamos bajo la mano poderosa de Dios, Él nos va a exaltar. El inicio del trabajo con el barro es tomarlo para hacerlo polvo, al igual que el material del que fuimos hechos. Si te preguntas, ¿por qué Dios me tuvo que deshacer? es porque te está haciendo de nuevo.

Dile: Señor no quiero dañarme por tener poca o mucha agua, dame la necesaria. Estoy en tus manos. Tú eres el Alfarero que sabes cuándo me falta agua o cuándo necesito más.

Si hay personas que están pasando por una situación muy particular, es algo grande que Dios está haciendo contigo. Uno le pone precio a lo que ama, a lo que valora, a lo que le apasiona; y nuestro precio es el más alto.

 

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