Jesús y las doce horas del día

Uno de los milagros más asombrosos e impactantes que Jesús realizó fue el de la resurrección de Lázaro, luego de cuatro días de su muerte. Este milagro recibió mucha oposición, pero no del enemigo, sino de parte de los discípulos de Jesús.

Juan 11: 6-7 “Cuando oyó, pues, que estaba enfermo, se quedó dos días más en el lugar donde estaba. Luego, después de esto, dijo a los discípulos: Vamos a Judea otra vez”.

Jesús amaba a Martha, a María y a Lázaro, por eso les visitaba. En una de esas visitas, Martha estaba afanada en los asuntos de la casa, mientras que María atendía a Jesús y se deleitaba estando junto a Él. Ellas le informaron que Lázaro, a quien Jesús amaba, se encontraba enfermo y deseaban que Él fuera a verle.

Jesús atendiendo la súplica de Martha y María les pidió a sus discípulos que volvieran nuevamente a Judea, sin embargo, estos le pusieron resistencia, veamos la respuesta de los discípulos:

Juan 1:8 “Le dijeron los discípulos: Rabí, ahora procuraban los judíos apedrearte, ¿y otra vez vas allá?”

Los discípulos no querían ir, Jesús les dijo: “Vamos” y ellos dijeron: “vas”. Temían por la vida de Jesús y la de ellos, pues si volvían a Judea podían apedrearles. El enemigo levantó una oleada de personas que querían apedrear a Jesús, porque algo grande iba Él a hacer, resucitar a Lázaro. A nivel espiritual, podemos encontrar mucha resistencia cuando Dios desea resucitar, dar vida a algo o a alguien que se estima como muerto o perdido por los demás. La primera oposición fue la de los discípulos.

Jesús respondió a la resistencia de sus discípulos en Juan 11 del 9 al 10: “Respondió Jesús: ¿No tiene el día doce horas? El que anda de día, no tropieza, porque ve la luz de este mundo; pero el que anda de noche, tropieza, porque no hay luz en él”.

Jesús se refiere a que el día tiene doce horas, porque el día tiene 12 horas de claridad y 12 de oscuridad, con esto, Jesús les hacía entender a sus discípulos que el que anda en la Luz, es decir, en Cristo, no va a tropezar ni debe de temer mal alguno.

El Apóstol Pablo nos recalca en Romanos 13 lo siguiente:

Romanos 13:11 “Y esto, conociendo el tiempo, que es ya hora de levantarnos del sueño; porque ahora está más cerca de nosotros nuestra salvación que cuando creímos.”.

El Espíritu Santo alertando a la iglesia, hace un llamado a levantarnos del sueño.

Romanos 13:12 “La noche está avanzada, y se acerca el día. Desechemos, pues, las obras de las tinieblas, y vistámonos las armas de la luz”.

Si hace doce años estaba avanzada, ¿cómo estará ahora? Este versículo dice “desechemos”, si tenemos que desechar, es porque alguna vez hicimos las obras de las tinieblas.

Actualmente, estamos dormidos espiritualmente, Dios desea que despertemos de este sueño, que nos percatemos que este mundo cada vez está más lleno de tinieblas, y que nosotros debemos combatir esta maldad siendo luz por medio de Cristo, para de esta manera poder desechar las obras de las tinieblas y vestirnos de esas armas de la luz, la oración, la intersección, el amor, son algunas de estas armas.

Romanos 13:13 Andemos como de día, honestamente; no en glotonerías y borracheras, no en lujurias y lascivias, no en contiendas y envidia,

En el que es de Dios no debe haber mentira, engaño, sino verdad y honestidad. Es la hora de ver a Luz de este mundo, a Cristo, andar en la luz que es Cristo, para no tener tropiezo.

Juan 11:16 “Dijo entonces Tomás, llamado Dídimo, a sus condiscípulos: Vamos también nosotros, para que muramos con él”.

Esta actitud de Tomás, nos da a entender la resistencia que podemos tener de personas que no creen en las cosas que hemos recibido de parte de Dios, pues a Jesús mismo se lo hicieron, sin embargo, Él no dejó de cumplir Su propósito en la Tierra por la poca aprobación y fe, aun de sus propios seguidores y discípulos más cercanos.

Jesús y las doce horas del día, antes de pasar las doce horas de tinieblas

La primera hora, significa la hora en la que nadie cree en ti, aun estando contigo desde un principio y contemplando la obra de Dios en tu vida. Es la hora cuando aun los que están con nosotros nos dejan y no están de acuerdo con lo que el Padre nos ha dicho.

Eclesiales 3:1 dice que todo tiene su tiempo. Jesús tenía que pasar esa hora y que lo dejaran morir solo, pero Él venció porque es la Luz, en Él no hay tinieblas y la luz vence las tinieblas.

Juan 2:1-4“Al tercer día se hicieron unas bodas en Caná de Galilea; y estaba allí la madre de Jesús. Y fueron también invitados a las bodas Jesús y sus discípulos. Y faltando el vino, la madre de Jesús le dijo: No tienen vino. Jesús le dijo: ¿Qué tienes conmigo, mujer? Aún no ha venido mi hora”.

En estos versículos se refieren a bodas, no porque eran varias, sino porque una sola boda duraba varios días, participando los invitados durante ese tiempo, incluso a los mismos se les brindaban las condiciones para asistir, incluyendo la ropa que vestirían.

En esas bodas se encontraba la madre de Jesús, y como leímos anteriormente, ella le insistió para que hiciera algo respecto a la falta de vino, por lo que Jesús le respondió: “¿Qué tienes conmigo, mujer? Aún no ha venido mi hora” haciéndole entender que Él debía esperar el tiempo encomendado por Dios y que, aunque ella fuese Su madre y le había criado, esta no era razón para hacer algo fuera del tiempo de Dios.

Muchas veces, gente cercana te quiere lanzar antes de tiempo, a hacer cosas para las que aún no es el tiempo de Dios.

Juan 5:30 “No puedo yo hacer nada por mí mismo; según oigo, así juzgo; y mi juicio es justo, porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió, la del Padre”.

Juan 19:26-27 “Cuando vio Jesús a su madre, y al discípulo a quien él amaba, que estaba presente, dijo a su madre: Mujer, he ahí tu hijo. Después dijo al discípulo: He ahí tu madre. Y desde aquella hora el discípulo la recibió en su casa”.

En estos versículos vemos que cuando Jesús iba a morir por nuestras transgresiones en la cruz, y Su madre se encontraba contemplando este instante en el que su Hijo moría por la humanidad, Él le dijo a María: “he ahí tu hijo” refiriéndose al discípulo Juan, dando a entender que desde ese instante ya se desvincularía ese rol de madre, pues Jesús estaba encomendado a un propósito divino que había sido establecido, en el que no podía intervenir su madre terrenal, sino la voluntad del Padre.

Luego del milagro de Jesús en las bodas de Caná, de convertir el agua en vino, porque este se había agotado antes de que terminaran las bodas, Jesús y sus discípulos decidieron ir a Galilea, tal como dice Juan 7 del 1 al 3: “Después de estas cosas, andaba Jesús en Galilea; pues no quería andar en Judea, porque los judíos procuraban matarle. Estaba cerca la fiesta de los judíos, la de los tabernáculos; y le dijeron sus hermanos: Sal de aquí, y vete a Judea, para que también tus discípulos vean las obras que haces”.

Ya Jesús no solo ve resistencia con sus discípulos cuando les pide volver a Judea para hacer el milagro de la resurrección de Lázaro, sino también por parte de sus hermanos o familia, que lo estaban sacando de aquel lugar por hacer el milagro del vino. Y tal como expresan estos versículos.

Juan 7: 4-5 “Porque ninguno que procura darse a conocer hace algo en secreto. Si estas cosas haces, manifiéstate al mundo. Porque ni aun sus hermanos creían en él”.

Esto nos da entender, que aun personas de nuestra propia familia no creerán en las cosas que Dios hará con nosotros, pues tal como establece la Palabra en I Corintios 1: 18 “Porque la palabra de la cruz es locura a los que se pierden; pero a los que se salvan, esto es, a nosotros, es poder de Dios”.

Juan 7:6 “Entonces Jesús les dijo: Mi tiempo aún no ha llegado, más vuestro tiempo siempre está presto”.

Jesús quiere hacernos entender, que este es el tiempo con su hora, en la cual, ni aun nuestra familia cree en lo que El Padre nos ha dicho. Si esto lo vivió la rama verde que simboliza a Jesús, entonces las ramas que somos nosotros, que estamos denominados como hijos de Dios, también pasaremos por pruebas como estas.

Dios desea advertirnos que no contemos los sueños que Él nos da, no sea que nos ocurra como a José, que contándoles a sus hermanos los sueños que recibía por parte de Dios, estos procuraron matarle porque no le creían y le tenían por loco.

Hebreos 5: 4-5 “Y nadie toma para sí esta honra, sino el que es llamado por Dios, como lo fue Aarón. Así tampoco Cristo se glorificó a sí mismo haciéndose sumo sacerdote, sino el que le dijo: Tú eres mi Hijo, Yo te he engendrado hoy”.

No todos hemos sido llamados a los cinco ministerios, pero si al ministerio de la reconciliación. Jesús duró mucho en la carpintería, hasta que fue al Jordán. Habrá momentos en que seremos probados y no veremos nada, pero nuestro auxilio viene de arriba. Cristo no se glorificó a su mismo, esperó Su tiempo. El tiempo y la hora correcta, no se trata de que otros te llamen, hay que esperar el llamado del Padre.

La hora sexta, la hora de ir a donde nadie quiere ir

Juan 4:3-4 “Salió de Judea, y se fue otra vez a Galilea. Y le era necesario pasar por Samaria”.

Muchas veces deseamos promesas de Dios, y anhelamos ser utilizados obviando que Dios dijo en Su Palabra: “Pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra” (Hechos 1:8).

Lo que Dios quiere decirnos es que Él es quien nos manda y nos utiliza como le plazca, pues en ocasiones podemos ser llamados a los lugares que menos imaginamos o que no están dentro de nuestras expectativas, pero si en las de Dios, y debemos ser capaces de aceptar el llamado que Él nos haga con amor y obediencia, tal como se simboliza en la historia de la mujer samaritana.

Juan 4:6 “Y estaba allí el pozo de Jacob. Entonces Jesús, cansado del camino, se sentó así junto al pozo. Era como la hora sexta”.

La hora sexta simboliza la hora en la que seremos enviados por Dios a predicar en lugares donde no queremos ir, o a personas con quienes tenemos conflictos, pero personas necesitadas del amor de Cristo.

Juan 4:7 “Vino una mujer de Samaria a sacar agua; y Jesús le dijo: Dame de beber”.

La Biblia no dice el nombre de esta mujer, solo su raza, porque los judíos odiaban a los samaritanos. Jesús le pide agua a esa mujer, la fuente de agua viva pidiendo agua. No podemos evangelizar sin antes crear puentes, canales de comunicación para crear contacto con aquellas personas que Dios desea alcanzar, por eso Jesús le estaba pidiendo agua física a esta mujer, para crear contacto con ella, no para satisfacer su necesidad física, más bien para satisfacer la sed espiritual de aquella mujer que solo Jesús podía saciar.

Los discípulos no entendieron la hora sexta, especialmente Pedro, pues no quería ir a los gentiles, más al final, la tuvo que vivir.

Hechos 10:9-14 “Al día siguiente, mientras ellos iban por el camino y se acercaban a la ciudad, Pedro subió a la azotea para orar, cerca de la hora sexta. Y tuvo gran hambre, y quiso comer; pero mientras le preparaban algo, le sobrevino un éxtasis; y vio el cielo abierto, y que descendía algo semejante a un gran lienzo, que atado de las cuatro puntas era bajado a la tierra; en el cual había de todos los cuadrúpedos terrestres y reptiles y aves del cielo. Y le vino una voz: Levántate, Pedro, mata y come. Entonces Pedro dijo: Señor, no; porque ninguna cosa común o inmunda he comido jamás”.

Esta historia nos hace entender que muchas veces el llamado de Dios de ir a lugares que antes no imaginábamos, implica en ocasiones comer cosas que nunca antes tampoco pensábamos comer tal como se ilustra en el pasaje de Hechos 10 en el llamado de Pedro.

Deseamos llamados de misiones a todo el mundo sin asumir lo que implica este llamado, que es de salir de nuestra zona de confort, y obviando que el Hijo de Dios tuvo que venir a esta tierra y acoplarse a nuestras costumbres y comidas, para llevar Su Palabra y hacer contacto físico con nosotros.

La hora de la rendición total

Juan 12:20-21“Había ciertos griegos entre los que habían subido a adorar en la fiesta. Estos, pues, se acercaron a Felipe, que era de Betsaida de Galilea, y le rogaron, diciendo: Señor, quisiéramos ver a Jesús”.

En este pasaje, vemos un pueblo extranjero que rogaba ver a Jesús, estos eran griegos, de los que la mayoría eran gobernantes y personas de alto rango en esos tiempos, pero debemos destacar que cuando mejor le iba a Jesús, pues hasta griegos querían verlo, pues venia la hora de la entrega, es decir, la hora de la rendición total. La hora de caer a tierra y morir para poder llevar mucho fruto.

Juan 12:23-24 “Jesús les respondió diciendo: Ha llegado la hora para que el Hijo del Hombre sea glorificado. De cierto, de cierto os digo, que, si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda solo; pero si muere, lleva mucho fruto”.

La hora doce, posiblemente sea la hora en la que nuestros planes van bien, donde estemos en las más óptimas condiciones, la hora doce simboliza la hora en la que debemos entregarle todo a Dios, olvidarnos de nuestro “yo”, venir en pos de Cristo y responder al llamado que Él hace a nuestras vidas.

Juan 12:25“El que ama su vida, la perderá; y el que aborrece su vida en este mundo, para vida eterna la guardará”.

Resumen de las horas del día:

– Hora de la entrega: Lleva lo que Él te ha permitido obtener.
– La hora de ver La Luz de este mundo, a Cristo. No tropezar, andar como de día, vestirnos de Cristo.
– La hora en que aun los que están con nosotros nos dejan y no creen lo que Dios nos ha dicho.
– Hora en que tu misma gente se levanta contra ti.
– Hora en que cercanos nos pedirán que hagamos cosas para las que aún no es el tiempo de Dios.
– La hora sexta, la hora de ir a hablarles a personas donde ni siquiera queríamos ir.
– La hora doce, donde mejor no está aconteciendo y tenemos que rendir nuestra voluntad. Hora de caer a tierra, como el grano de trigo y morir para dar fruto.

Dios quiere que venzamos con el bien el mal, que practiquemos la verdad y que andando en la verdad que es Cristo, podamos combatir las tinieblas de este mundo.

 

 

 

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