La Fe que nos hace ver las cosas que no son, como si fuesen

Hebreos 11:1 “Es pues la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve.”

Dos palabras describen nuestra fe: confianza y certeza. La definición de fe que da Hebreos, es una definición muy clara, muy precisa, y habla de que cuando nosotros estamos hablando de fe, estamos hablando de confianza y certeza, y no confianza en nosotros, sino confianza en quien prometió.

Cuando tenemos certeza, ya sabemos, tenemos conocimiento, la seguridad de lo que esperamos.

Se necesita un punto de arranque y una meta. El punto inicial es la fe de creer en el carácter de Dios, de ahí arranca todo. Todo comienza en saber, entender, conocer, vivir, creer, en el carácter de Dios.

Eso significa que yo tengo que conocer, saber, creer, vivir, que Dios es quien dice ser. En otras palabras, si Dios dice que Él es Todopoderoso, creer que Él es Todopoderoso; si Él dice que es nuestro Salvador, Él es nuestro Salvador; Si Él dice que Él venció la muerte, Él venció la muerte. Él es quien dice que es.

El punto final es creer en las promesas de Dios, y eso tiene que ver con creer, vivir, asegurar, confiar en que Dios hará lo que Él dice que va hacer. Un punto de arranque y un punto de llegada. Un punto de arranque que es comenzar sabiendo que Él es quien dice que es y un punto de llegada que es saber que Él va hacer lo que Él dijo que hará.

Así podemos definir la Fe: Es la certeza basada en las promesas de Dios y esto se logra cuando sabemos por experiencia que Aquel que prometió es fiel. Es por experiencia, no porque me lo contaron, no es que leí un libro, es porque yo sé que Dios es fiel.

Fe es la respuesta del hombre a la fidelidad de Dios. Nos llenamos de Fe cuando conocemos a un Dios fiel, que se mueve en Su fidelidad, que en Él podemos estar seguros porque sabemos que Él no es hombre para arrepentirse, ni hijo de hombre para mentir, que Él es Dios fiel y que, aunque nosotros seamos infieles, Él permanece fiel.

La definición de Fe consta de tres partes esenciales: Creer, Actuar y Confesar.

Componentes de la Fe: Creer

Marcos 9:23-24 “Jesús le dijo: Si puedes creer, al que cree todo le es posible. E inmediatamente el padre del muchacho clamó y dijo: Creo; ayuda mi incredulidad.”

A veces estamos con una situación como la de este papá, y buscamos a alguien que ore por nosotros, porque pensamos que esa persona está más cerca de Jesús. Sin embargo, a veces no hay respuesta y es porque Dios quiere que seamos nosotros que nos acerquemos más a Él para subirnos de nivel.

Por la situación que estás pasando, ¿Crees que Dios lo puede hacer?, ¿Crees que Él tiene el poder para hacerlo?

Tal vez en algún momento de nuestra vida vamos a tener que decirle a Dios: Yo creo en Ti, pero ayuda mi incredulidad, porque esto me supera a mí, pero no a Ti.

Este padre fue honesto delante del que podía liberar a su hijo, en otras palabras, le dijo a Cristo: Requieres fe para hacer el milagro, pero ¿sabes qué? Me falta esa fe, pero Tú tienes el poder no solo para hacer el milagro, sino para aumentar mi fe y que yo pueda creer.

Necesitamos un milagro doble, que Dios resuelva nuestra situación y que también aumente nuestra Fe.

Componentes de la Fe: Actuar

Josué 1:9 “Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente; no temas ni desmayes, porque Jehová tu Dios estará contigo en dondequiera que vayas.”

Otra versión dice:

Josué 1:9 (LBLA) “¿No te lo he ordenado yo? ¡Sé fuerte y valiente! No temas ni te acobardes, porque el Señor tu Dios estará contigo dondequiera que vayas.”

Un enemigo que tenemos que se opone a la fe es el temor. El temor viene como consecuencia, no de nuestra falta de fe, sino del no saber en quien hemos creído, quien de verdad es Jesucristo.

En las pruebas crecemos, y vemos a un Dios que va de victoria en victoria. Lo peor que nos puede pasar no es la gran prueba, Dios no nos va a poner una prueba mayor de la que podamos soportar, lo peor que nos puede pasar es que no nos pase nada, porque el día que no nos pase nada significa que Dios nos desechó, porque Dios al que ama disciplina, y necesitamos la disciplina de Dios.

1ra. Juan 4:18 “En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor; porque el temor lleva en sí castigo. De donde el que teme, no ha sido perfeccionado en el amor.”

El amor es Cristo, en Él somos más que vencedores.

El factor básico para poder calmar nuestros temores es conocer el amor de Dios.

El Amor de Dios no tiene límites, no debemos temer.

Ese amor de Dios está representado en Jesucristo. El temor se disipa cuando el Perfecto Amor, echa fuera todo temor.

El Espíritu Santo da testimonio a nuestro espíritu que somos hijos de Dios. La misericordia de Dios alcanza hasta mil generaciones.

Isaías 41:10 “No temas, porque yo estoy contigo, no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia.”

¿Por qué no debemos temer?

1.- Porque la presencia de Dios está con nosotros. (Yo estoy contigo…)

Es una promesa fiel, que está delante de nosotros. Vivir por ella, vivir en ella.

2.- Dios ha establecido una relación con nosotros. (Yo soy tu Dios)

No es un Dios lejano, está dentro de nosotros, camina con nosotros. Nada nos separará del Amor de Dios, porque Dios nunca se separará de nosotros. El que comenzó la obra en nosotros la va a perfeccionar hasta el fin.

3.- Dios nos da la seguridad y fortaleza. (Siempre te ayudaré…)

La ayuda de Dios para nuestra vida está garantizada, si Él lo prometió tenemos que creer que Él va a hacer lo que Él dijo que iba a hacer, y eso nos da seguridad y fortaleza.

Componentes de la Fe: Confesar

Filipenses 4:11 “No lo digo porque tenga escasez, pues he aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación.”

Una persona puede tener millones y tener escasez. La abundancia de dinero y de los bienes materiales no es lo que garantiza que tenemos todo resuelto. Se puede estar contento en la escasez, aunque no se tenga que comer, aunque no se tenga para pagar la casa ni pagar el colegio de los muchachos.

Filipenses 4:12-13 “Sé vivir humildemente, y sé tener abundancia; en todo y por todo estoy enseñado, así para estar saciado como para tener hambre, así para tener abundancia como para padecer necesidad. Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.”

Pablo sabía quién lo fortalecía, por eso él podía estar en paz tuviera o no tuviera.

La clave para poder tener fe, no es un confesar positivo. Es tener la confianza plena de que toda nuestra vida está en las manos de Dios.

No es que digamos que no nos pasa nada. Sino que vayamos a decírselo a quien tenemos que decírselo. Estamos obligados a confesar delante de Dios, nuestra necesidad.

Debemos ver y llamar las cosas como Él las ve y como Dios las llama. Por ejemplo, David: Todo el pueblo veía a Goliat como gigante invencible, David lo vio como Dios lo veía y como Dios lo llamaba, un filisteo incircunciso.

Dios le dio la orden a Moisés de que enviara a los espías a reconocer la tierra prometida.

Números 13:2 “Envía tú hombres que reconozcan la tierra de Canaán, la cual yo doy a los hijos de Israel; de cada tribu de sus padres enviaréis un varón, cada uno príncipe entre ellos.”

A partir del verso cuatro están los nombres de los doce que fueron enviados.

Números 13:4 “Estos son sus nombres:….”

¿Alguien se recuerda de los nombres de los doce? No, solo de Caleb y Josué. La diferencia en que se acuerden de ti o no, es de cómo tú confieses a Dios en tu vida.

Debido a la forma como confesaron los que no creyeron que podían conquistar la tierra prometida, hoy no son recordados, no hay memoria de ellos, pero a Josué y Caleb si los recordamos.

¿Qué confesaron Josué y Caleb?

Números 14:8 “Si Jehová se agradare de nosotros, él nos llevará a esta tierra, y nos la entregará; tierra que fluye leche y miel.”

Eso fue lo que ellos confesaron, y por eso es que hoy sabemos de sus nombres. Cuando tenemos fe y lo confesamos, el enemigo nos oye y su visión de nosotros cambia completamente, porque él sabe que el que está con nosotros es mayor y más fuerte, y que por lo tanto podemos vencerlo, porque Cristo ya lo venció.

Números 13:32 “Y hablaron mal entre los hijos de Israel, de la tierra que habían reconocido, diciendo: La tierra por donde pasamos para reconocerla, es tierra que traga a sus moradores; y todo el pueblo que vimos en medio de ella son hombres de grande estatura.”

La diferencia entre Josué y Caleb y los otros diez espías, fue que Josué y Caleb dijeron que es verdad que hay gigantes, porque no es que no veas la realidad, no es que te engañes, lo que tienes que saber es que el que va contigo es más poderoso que el gigante, eso es lo que tienes que confesar.

Números 13:33 “También vimos allí gigantes, hijos de Anac, raza de los gigantes, y éramos nosotros, a nuestro parecer, como langostas; y así les parecíamos a ellos.”

Así se veían ellos, ¿Pero cómo los veía el enemigo?

Más adelante cuando Josué manda a tomar Jericó, y se encuentran con Raab, ella que vivía en Jericó les dice a los espías:

Josué 2:9-10 “Sé que Jehová os ha dado esta tierra; porque el temor de vosotros ha caído sobre nosotros, y todos los moradores del país ya han desmayado por causa de vosotros. Porque hemos oído que Jehová hizo secar las aguas del Mar Rojo delante de vosotros cuando salisteis de Egipto, y lo que habéis hecho a los dos reyes de los amorreos que estaban al otro lado del Jordán, a Sehón y a Og, a los cuales habéis destruido.”

El enemigo te va a tener temor por lo que Dios ha hecho en tu vida, no por ti. Los portentos, las maravillas que Dios ha hecho en tu vida el enemigo las ve, y dice: yo con este/a no puedo, porque el Dios que opera en él/ella es mayor que yo.

La fama de ellos se había extendido, de que tenían un Dios que vencía, que no perdía batallas y que estaba con ellos.

Josué 2:11 “Oyendo esto, ha desmayado nuestro corazón; ni ha quedado más aliento en hombre alguno por causa de vosotros, porque Jehová vuestro Dios es Dios arriba en los cielos y abajo en la tierra.”

Los diez espías se veían como langostas, decían que los gigantes se los comerían. ¿Cómo te ves tú?, ¿Qué la situación que estás viviendo te va a comer?, ¿O se te olvidó todo lo que Dios ha hecho por ti? La situación que está delante de ti, todo lo que ve es al Dios Todopoderoso que está en ti.

Cuando nosotros vemos y confesamos a la manera de Dios, nuestros enemigos desmayarán de temor, no por nosotros, sino por el que está en nosotros: El Gran Yo Soy, el que no ha perdido ni una sola batalla.

Conclusión

La fe que Dios nos da, consta de tres partes esenciales:

1.- Creer.

2.- Actuar.

3.- Confesar.

Necesitamos Creer, Actuar y Confesar que el Dios de los cielos es Todopoderoso, es fiel y cumple Sus promesas.

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