Pedro y la pesca milagrosa cuyo beneficio fue solo para él

 

Hay diferentes pescas milagrosas en las que Pedro participó, pero hubo una en la que solo él tuvo beneficios y luego nosotros y todo el mundo también.

El Señor llamó a Pedro a ser pescador de hombres, y nos compara con peces que fuimos pescados por el Amor del Señor.

Los peces cuando los sacan del agua son un poco escurridizos y tratan de volver al agua. Cuando uno viene a Jesús, a veces está queriendo volver al agua del mundo.

Cuando se atrapa el pescado se agarra por las agallas para que no se vaya a resbalar y hay que hacerle un proceso, se le quitan las escamas.

A Saulo cuando estaba ciego, camino a Damasco, le enviaron al discípulo Ananías para que le pusiera las manos, y cuando se las puso se le cayeron como escamas de los ojos. El pez estaba siendo preparado por el Señor. ¿Ya se te cayeron las escamas de los ojos?

Pescas milagrosas donde él y otros fueron bendecidos

Pedro representa a alguien que lo mandaron a pescar peces. En la primera pesca no habían pescado nada.

Lucas 5:5 “Respondiendo Simón, le dijo: Maestro, toda la noche hemos estado trabajando, y nada hemos pescado; más en tu palabra echaré la red.”

No es lo mismo por la Palabra que en la Palabra. Para que sea “en” la Palabra tuvo que meterse en nosotros.

Lucas 5:6 “Y habiéndolo hecho, encerraron gran cantidad de peces, y su red se rompía.”

Eran tantos los peces que tuvieron que llamar otra barca y se hundían. Dos barcas llenas de bendición. Fueron bendecidos Pedro, Juan, Jacobo, los de la otra barca y más personas. Esa fue la primera pesca.

Hay gente que necesita dejar entrar a Jesús en su barca de fracaso, que se rinda y caiga de rodillas diciendo aparte de mí que soy hombre pecador, y que Jesús se la llene. Y el Señor le dijo a Pedro que ya no sería pescador de peces sino pescador de hombres.

Lucas 5:7 “Entonces hicieron señas a los compañeros que estaban en la otra barca, para que viniesen a ayudarles; y vinieron, y llenaron ambas barcas, de tal manera que se hundían.”

Esa pesca trajo bendición a ellos y a muchos, no solo a Pedro.

Veamos otra. Cuando fue Pedro a pescar con seis discípulos más y no pescaron nada.

Juan 21:5 “Y les dijo: Hijitos, ¿tenéis algo de comer? Le respondieron: No.”

Todas las pescas milagrosas no las realizaron estando Jesús fuera, sino estando Jesús dentro. En las tres pescas milagrosas estaba involucrado Jesús.

¿Quieres ver la bendición de Dios? Deja entrar a Jesús a tu barca, en tus proyectos, deja entrar a Jesús, que sea el Señor en todo.

Juan 21:6 “Él les dijo: Echad la red a la derecha de la barca, y hallaréis. Entonces la echaron, y ya no la podían sacar, por la gran cantidad de peces.”

La gran cantidad eran 153 peces. En la pesca anterior eran más peces, pero en esta eran más grandes. Es una variedad que pesa 15.6 libras cada pescado en su estado adulto. La red estaba tan pesada que entre siete personas no la podían arrastrar.

Juan 21:10 “Jesús les dijo: Traed de los peces que acabáis de pescar.”

Esto es una enseñanza. Lo que atrapaste en la Gracia, en la Profundidad de Dios, llévalo a la orilla. Hay gente que lo que busca es la profundidad de la Palabra, bombazos, escudriñar la Biblia, buscar los temas extraordinarios. Pero de qué nos sirve ir a pescar mar adentro y atrapar peces y no llevarlos a la orilla. ¿Qué va a pasar con el pescado? Se pudre. Hay tanta gente que sabe tantas cosas, que ya no sabe ni que más saber, pero no lo lleva a la vida práctica, no lo aplica.

Ese pescado que fue una bendición, con el tiempo huele mal, gente que apesta a orgullo, que sabe mucho y vive poco. Dios quiere que atrapemos, pero que lo llevemos a la orilla, a la vida práctica, porque si no ¿para qué nos sirve?

Juan 21:11 “Subió Simón Pedro, y sacó la red a tierra, llena de grandes peces, ciento cincuenta y tres; y aun siendo tantos, la red no se rompió.”

En las dos pescas el personaje central era Pedro, pero cada vez que lo llaman Simón es porque estaba la antigua naturaleza.

La orden ahora de parte de Dios para nosotros es no pierdas nada. No dejes que tu red se rompa. Dios está poniendo cosas grandes dentro de nosotros. No pierdas esos dones, esos talentos, esas habilidades, tus sueños, tu visión, no pierdas nada. Dale seguimiento a tu familia, a lo que comenzaste y no has terminado. Que no se pierda nada.

Estamos viviendo el año 17 de un nuevo milenio, de un nuevo siglo y si sumamos todos los números hasta llegar a 17 (1+2+3+4…17) la sumatoria nos da 153. Es el tiempo en donde Dios nos va a permitir lograr aquello que fue difícil, superar nuestras noches de fracaso, tira tu red, no tienes que ir mar adentro, tírala, que tu red se va a llenar, pero prepara tu red.

En ninguna otra parte de la Biblia se da el número de peces, esto es profético porque habla del número de naciones que deben oír el Evangelio, todas las naciones deben oír el Evangelio porque Jesús murió por toda raza.

En las culturas antiguas, las letras tenían un valor numérico. Los romanos, los griegos, ponían un valor numérico a las letras, y también los hebreos.

En griego el valor numérico de la expresión: Mi Hijo es Dios es 153. La expresión en hebreo, Hijos de Dios, aparece siete veces. Ahora bien, el valor numérico de esta expresión en hebreo es exactamente 153.

Desde el Antiguo Testamento Dios estaba diciendo que su Hijo era el Hijo de Dios, Dios hecho hombre. En griego y en hebreo da numéricamente 153. Eso le llaman Gematría, el estudio de esto. Y si sumas del 1 al 17 da 153, estamos viviendo 17 años de un nuevo siglo, de un nuevo milenio. Nunca habíamos visto lo que ahora se observa.

En la vida de Pedro hubo tres pescas milagrosas. Las pescas de Jesús no era para llenar estómagos, era para dejarnos una enseñanza.

La pesca de la cual solo Pedro obtuvo beneficio

Mateo 17:24 “Cuando llegaron a Capernaum, vinieron a Pedro los que cobraban las dos dracmas, y le dijeron: ¿Vuestro Maestro no paga las dos dracmas?”

Cuando leemos la Biblia debemos ver el contexto. Capernaum era el lugar que el Señor tomó como Su base, Su sede. La mayoría de milagros y todo lo que se realizó, salió de Capernaum, la aldea del compasivo, porque lo que nueve a hacer los milagros es la compasión. ¿Cuántos tenemos compasión? Empecemos a ver a ese mundo perdido de afuera, hay que tenerle compasión.

Cada persona tenía que pagar dos dracmas, era el impuesto del templo. Estaba establecido desde los tiempos de la Ley, pero en ese momento estaban dominando los Romanos, ósea que aparte de pagar los impuestos a Roma, tenían que pagar los impuestos del templo.

Pedro representa cualquiera de nosotros que nos desbocamos y respondemos sin pensar. Por eso hay que pedirle al Señor que ponga freno en nuestra boca.

Mateo 17:22-23 2 “Estando ellos en Galilea, Jesús les dijo: El Hijo del Hombre será entregado en manos de hombres, 23 y le matarán; mas al tercer día resucitará. Y ellos se entristecieron en gran manera.”

Jesús siempre que habló de Su muerte, habló de Su resurrección. No hables nada más del problema, habla también de la solución. No te quedes solo con la tristeza, para que haya resurrección tiene que haber muerte. La resurrección es victoria.

2 Crónicas 24:6 “Por lo cual el rey llamó al sumo sacerdote Joiada y le dijo: ¿Por qué no has procurado que los levitas traigan de Judá y de Jerusalén la ofrenda que Moisés siervo de Jehová impuso a la congregación de Israel para el tabernáculo del testimonio?”

Esto venía de la Ley.

Éxodo 30:13 “Esto dará todo aquel que sea contado; medio siclo, conforme al siclo del santuario. El siclo es de veinte geras. La mitad de un siclo será la ofrenda a Jehová.”

Así era en el tiempo de Moisés, en el tiempo de Jesús eran dos dracmas. Le preguntaron a Pedro si Jesús iba a pagar el impuesto, y él respondió sin haberle preguntado a Jesús.

Mateo 17:25 “Él dijo: Sí. Y al entrar él en casa, Jesús le habló primero, diciendo: ¿Qué te parece, Simón? Los reyes de la tierra, ¿de quiénes cobran los tributos o los impuestos? ¿De sus hijos, o de los extraños?”

Jesús pudo haber dicho que no iba a pagar porque Él es el Hijo de Dios, pero ahí está la grandeza de Jesús.

Mateo 17:26 “Pedro le respondió: De los extraños. Jesús le dijo: Luego los hijos están exentos.”

Siendo el templo de Dios, y siendo Jesús el Hijo de Dios, no tendría que pagar.

Aquí viene el Amor de Dios. El pez número 154 Jesús lo tenía preparado. No es un Dios de juicio, de condenación, se compadece. Así como los padres se compadecen de los hijos, así Jehová se compadece de los que le temen.

Mateo 17:27 “Sin embargo, para no ofenderles, ve al mar, y echa el anzuelo, y el primer pez que saques, tómalo, y al abrirle la boca, hallarás un estatero; tómalo, y dáselo por mí y por ti.”

Jesús pudo haberle dicho a Pedro que fuera y dijera que se equivocó, que Él era el Hijo de Dios, que Su Padre era el dueño de ese templo y que Él no tenía que pagar ningún impuesto, sin embargo, Él dice: “para no ofenderles”. ¡Qué Dios más grande hecho hombre!, eso es mansedumbre. Él pudo haber rugido como león. Él es el León de la tribu de Judá, pero en ese momento salió Su naturaleza de Cordero.

En nosotros hay dos naturalezas. Cuando quiero sacar la naturaleza de león (defender mis derechos) debo sacar la de cordero, y cuando quiero sacar la de cordero, debo sacar la de león de la tribu de Judá.

El mar estaba a 19 kilómetros y esta pesca era con anzuelo, las otras pescas eran con redes.

Un estatero era una moneda equivalente a cuatro dracmas.

El pez tenía la moneda en la boca, no en la barriga, no hubo que matarlo, su valor estaba en la boca.

El mismo Señor que no tenía que pagar, pagó el impuesto de Él y también el de Pedro. ¿Entonces quién fue el beneficiado de esa pesca? Pedro. Pero también nosotros.

Enseñanza del pez con el estatero en la boca

Al pez la moneda no le servía de alimento. No podía tragar, no podía tener fuerzas. La moneda le servía de estorbo, le pesaba y lo mandaba al fondo mientras que los otros peces estaban flotando tranquilos.

¿Sabía este pez que había sido elegido para cumplir esta misión? No.

¿Cuántas personas andan en esta vida, sin saber que el Señor tiene un plan para ellas? Dios quiere que entendamos que lo que creemos que es estorbo, es parte de nuestra misión.

El pez vio brillar la moneda al caer al agua, mas no le sirvió para alimento, al contrario, le sirvió de peso en su boca. Hay gente que tiene valor en la boca y no lo sabe. Hay gente que tiene cosas valiosas no solo en su boca, sino en sus manos.

¿Sabría el pez, que lo que tenía en su boca no era un estorbo sino valor?

Moisés tenía problemas con el habla, más llegó a ser poderoso en palabras. El lugar donde el diablo te quiso vencer, Jesús te quiere hacer más que vencedor. Lo que fue tu peso puede convertirse en tu valor; lo que fue tu carga, puede convertirse en victoria.

Éxodo 4:10 “Entonces dijo Moisés a Jehová: ¡Ay, Señor! Nunca he sido hombre de fácil palabra, ni antes ni desde que tú hablas a tu siervo: porque soy tardo en el habla y torpe de lengua.”

¿Sabía Moisés que en su boca había poder, autoridad de Dios?

Hechos 7:22 “Y fue enseñado Moisés en toda la sabiduría de los egipcios; y era poderoso en sus palabras y obras.”

En el siglo IV antes de Cristo, Demóstenes, un filósofo ateniense, se metía piedras en la boca para preparar sus discursos porque era tartamudo y con eso consiguió acabar con su tartamudez.

El número uno en discursos, era tartamudo. Lo que muchas veces estás viendo como tu derrota, puede ser tu victoria.

El tener el estatero le hacía a este pez, tener que aletear más que los otros, pues se hundía, más eso lo hizo valioso, pues lo hizo más fuerte. Los demás peces se burlaban de él, pues no podía ser como los otros. Quizás se burlaban de ti, o se burlan, pero lo que te quiere dar peso puede ser tu victoria. Dios utiliza a personas para que se cumpla Su propósito en nosotros.

El pez cumplió su propósito cuando abrió su boca para entrar al plan del Señor. Hay personas como este pez, que su valor está en su boca, otros en sus manos, otros en lo que se burlan de ellos.

Michael Phelps, comenzó a nadar a la edad de siete años, influenciado en parte por sus hermanas y la necesidad de controlar su hiperactividad. Estando en sexto grado, él fue diagnosticado con trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH). Desde niño sufrió de bullying, porque sus brazos eran más largos que los de sus compañeros, lo tildaban de chimpancé, mono, etc. Eso lo hizo dedicarse de lleno a la natación.

Michael Fred Phelps, es un nadador estadounidense y el deportista olímpico más condecorado de todos los tiempos, con un total de 28 medallas. Phelps también posee los récords de más medallas olímpicas de oro (23), más medallas de oro en eventos individuales (13) y más medallas olímpicas en eventos masculinos (15).

Lo que fue desde niño un peso (el estatero), fue su valor y lo hizo fuerte. Es el atleta que ha ganado más medallas de oro de todos los tiempos en natación y el único que compitió a los quince años en una olimpiada, y ganó al romper el récord olímpico de natación.

¿Sabía Michael Phelps que en sus brazos largos y en su contextura estaba su valor? Tu estatero es parte de tu plan.

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