Unidos para vida en abundancia

Hechos 2:1 Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos unánimes juntos.

Que maravilloso es lo que la Palabra de Dios nos está indicando, que el día que llegó el cumplimiento de la promesa del Padre dada por Cristo, de que iba a enviar al Espíritu Santo sobre Su pueblo, para tener la capacidad de parte de Dios, la unción para poder ser testigos del Señor donde quiera que estuviéramos.

La Biblia nos enseña que estaban todos unánimes juntos, esa es una expresión muy hermosa. Los que estuvieron esperando junto a los ciento veinte que estaban en el aposento alto, al momento de descender el Espíritu Santo, que se desesperaron y se fueron de ese lugar, que gran bendición se perdieron.

Eso sucede con muchas personas, que hoy en día llegan a la iglesia, están en los servicios y muchos se desesperan porque creen que tienen algo más importante, se van y pierden lo mejor que El Señor tenía reservado para ellos. Así que les invito en el Nombre poderoso de Jesús, que mantengan las expectativas de lo que Dios quiere hacer, porque Dios quiere hacer grandes cosas con Su pueblo.

Me preocupa mucho saber que conociendo la palabra profética que va a acontecer en los últimos días, mucho pueblo está como ignorante, como que si no supiera, como si no conociera, me da la impresión de estar ante los profetas que le dijeron a Eliseo: ¿Sabías que hoy el Señor se llevará a tu amo? Esos profetas lo sabían, Eliseo también lo sabía, pero no hicieron absolutamente nada para saber que era lo que tenían que hacer para irse con el Señor.

Mucha gente sabe que El Señor tiene bendiciones preparadas antes de la fundación del mundo para la iglesia, pero muchos no están haciendo absolutamente nada para hacer lo que Dios quiere que hagamos.

Me llama la atención que estas personas estaban unánimes juntos y en esa longanimidad vino el gran día, el día esperado, el día señalado. El Señor les había dado esa palabra a Sus discípulos y les ordenó que no se fueran a mover del aposento alto. La indicación era ir al aposento alto, no era ir a cualquier lugar, la indicación era que fueran obedientes a la palabra que había salido de Jesucristo.

Muchas personas lastimosamente no quieren oír la voz de Dios, es importante que sepamos lo que dice Dios antes que cualquier cosa, porque si nosotros ponemos atención a todo lo que la gente está hablando y no ponemos atención a lo que Dios está hablando, podemos perdernos de bendiciones grandes y de bendiciones que Dios tiene preparadas de antemano para nosotros.

Es interesante que estas personas se mantuvieron en el aposento alto, esperando la promesa, que llegó en el día señalado por Dios, no antes, porque el Señor todo lo hizo hermoso en Su tiempo y todo tiene su tiempo debajo del sol. Es importante que usted y yo sepamos la importancia de mantener el ritmo en el tiempo de Dios, que nos ajustemos al precioso tiempo que Dios determinó para nosotros.

En aquella reunión en el aposento alto, estaban los doce discípulos de Jesús, pero no solamente estaban ellos, también estaban María, la madre de Jesús, sus hermanos y otros discípulos, habían en total ciento veinte personas en aquel lugar, y estaban en expectación, y eso es lo que le está faltando a la iglesia en este último tiempo, porque hay una gran profecía que se está cumpliendo delante de nuestros ojos, estamos mirando el cumplimiento de los tiempos proféticos.

La Biblia dice que ellos estaban en Pentecostés, fue el día que Dios había señalado, no antes, aquel gran día dice la Escritura que una gran bendición cayó sobre ellos, cayeron lenguas de fuegos y el Espíritu Santo de Dios vino sobre ellos, entonces comenzaron a magnificar El Nombre de Dios.

Hoy día muchos no pueden magnificar, no puede exaltar el Nombre glorioso de nuestro Señor Jesús, porque les falta la unción del Espíritu Santo.

Hagámosno tres preguntas:

1. ¿Qué tan importante será la unidad?
2. ¿Qué significa la unanimidad?
3. ¿Por qué es tan importante la unanimidad en este tiempo?

Que tan importante es que estemos unidos, celebrando fiesta para el Señor, que tan importante es que hagamos una reunión como esta, y que separemos este tiempo como ministerio para venir a honrar al Rey de reyes y Señor de señores.

La primera vez que la Biblia habla de unidad es en el capítulo 11 de Génesis.

Génesis 11:1 Tenía entonces toda la tierra una sola lengua y unas mismas palabras.

Génesis 11:6 Y dijo Jehová: He aquí el pueblo es uno, y todos éstos tienen un solo lenguaje; y han comenzado la obra, y nada les hará desistir ahora de lo que han pensado hacer.

Dios dijo que nada que se propongan hacer les será imposible. Lo que ellos estaban haciendo es que quitaron la Piedra Angular y comenzaron a poner ladrillos, comenzaron a construir una torre por sus propias fuerzas para llegar al cielo, el hombre queriendo quitar la roca de Salvación, que es Cristo. Cristo Jesús es la única puerta, la única forma en que podemos entrar a las moradas celestiales. Nadie puede ir al Padre si no es a través de Jesucristo.

Desde el inicio los hombres han querido quitar a Jesucristo, como fue al principio también será al final. Mucha gente habla de Dios, cantan y en sus cánticos mencionan la creación, mencionan al Creador, pero no hablan de Cristo, el nombre Cristo está prohibido, han quitado la Piedra Angular y por sus propios medios, con su esfuerzo el hombre quiere llegar al cielo. No podemos llegar al cielo por nuestros propios medios. No es por obra para que nadie se gloríe, la salvación es un regalo que vino directamente del cielo, para que todo aquel que crea en Jesús no se pierda, más tenga vida eterna.

En esa unidad donde los hombres habían dispuesto ir por sus propios medios al cielo, quedó mostrado que cuando hay unidad hay poder. La Biblia dice que dos son mejores que uno. Hay un poder exponencial extraordinario cuando el pueblo se une, por eso el enemigo no va a querer que haya unidad en el pueblo de Dios. La iglesia que espera al Señor debe estar en unidad, en un mismo sentir.

Para eso el Señor Jesús cuando resucitó, dio cincos regalos en forma humana a Su iglesia: constituyó a unos apóstoles, a otros profetas, a otros evangelistas, a otros pastores y a otros maestros, a fin de edificar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo.

El propósito de estos cincos regalos que Cristo le dio a la iglesia, es que nosotros los santos, la iglesia, los que hemos sido apartados para Dios, para vivir consagrados para el Señor, seamos capacitados a través de estos cinco regalos para hacer la obra del ministerio. Cada uno de estos cinco grupos ponen una huella dentro del pueblo de Dios, preparan, equipan al pueblo de Jesucristo para hacer la obra del ministerio de Dios.

La pregunta que nos hacemos es: ¿hasta cuándo estarán estos ministerios? La Biblia responde: “hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo” (Efesios 4:13)

¿Será que ya llegamos a la unidad de la fe?, ¿Será que ya llegamos al conocimiento del Hijo de Dios?, ¿Será que ya llegamos a la estatura del varón perfecto? Los ministerios estarán funcionando y ministrando al cuerpo de Cristo hasta que El Señor venga a buscar a Su iglesia.

No todos los siervos de Cristo se van en el arrebatamiento. Todos queremos presentar al Señor una iglesia pura, limpia y sin manchas.

El apóstol Pablo exhorta a guardar la unidad del espíritu en el vínculo de la paz.

Efesios 4:3-6 Solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz; un cuerpo, y un Espíritu, como fuisteis también llamados en una misma esperanza de vuestra vocación; un Señor, una fe, un bautismo, un Dios y Padre de todos, el cual es sobre todos, y por todos, y en todos.

Es tan importante la unidad que en los postrero días se reunirán los príncipes de la tierra para pelear contra Él Cordero, contra el Ungido de Jehová, pero Él Cordero los vencerá.

Salmos 2:2 Se levantarán los reyes de la tierra, y príncipes consultarán unidos contra Jehová y Contra su ungido, diciendo:

Eso sucederá cuando la iglesia gloriosa, triunfante, ya no esté aquí, cuando la iglesia de Jesucristo haya sido arrebatada, y al final de la cosecha abundante, en medio de la tribulación y después del rebusco, entonces se levantarán los príncipes de la tierra todos unidos para pelear contra el Ungido de Jehová que es Cristo, pero el Cordero los vencerá con el resplandor de Su gloria y con la espada aguda que sale de Su boca.

La palabra para unidad que aparece en Efesios 4:3 viene de la palabra griega “jenotés”, que significa unanimidad. La palabra unanimidad, viene de la palabra griega “homothumadón”, que significa acuerdo común, de común acuerdo, todos a una, en la misma mentalidad. Tenemos un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo.

La palabra “unánime” aparece once veces en el antiguo testamento, diez veces en el libro de los Hechos y una en la carta a los Romanos. Así como una moneda tiene dos caras, en numerología bíblica encontramos dos caras. El número 11 significa rebelión, pero conocemos que así como el número 10 significa totalidad, la ley de Dios, también significa prueba, por lo que también el número 11 tiene que significar otra cosa.

La Biblia nos cuenta que Jacob tuvo doce hijos, y el número once fue José, quien fue sometido a grandes pruebas, pero después de vencerlas pasó a ser gobernador de Egipto. Después que pasamos el número 10 que es la prueba, pasamos al número 11 que es madurez, que se aprende en medio de la prueba para poder gobernar.

En la parábola de los talentos, el Señor Jesús cuenta que un señor llamó a sus siervos, le repartió sus bienes y se fue lejos. A uno dio cinco talentos, a otro dos y a otro uno. Después de mucho tiempo regresó el señor de aquellos siervos, y arregló cuentas con ellos. El que había recibido cinco talentos, trajo otros cinco y su señor le dijo: Bien, buen siervo y fiel, lo mismo pasó con el que le dieron dos talentos, pero al que le dieron uno, como lo enterró y no produjo nada, se lo quitaron y de lo dieron al que tenía diez, entonces tenía once.

Cuando usted y yo pasamos la prueba alcanzamos madurez, por eso el llamado es llegar a la estatura del varón perfecto. Nadie experimentará la perfección sin haber sido probado.

El Señor Jesús también contó en Mateo 20, una parábola donde habla de un hombre, que salió por la mañana a contratar obreros para su viña y ofreció pagarles un denario al día. Contrató a cuatro grupos de obreros a diferentes horas. Al final del día a todos les pagó un denario, pero los que trabajaron el día completo murmuraban contra él porque pensaban que a ellos les pagaría más, pero el señor de la viña les dijo, les di lo prometido, no los he engañado.

Los postreros serán primeros y los primeros postreros, porque muchos son los llamados y pocos los escogidos, porque cuando vino la prueba no dieron la talla, como si esa semilla hubiera caído en tierra de pedregales o espinos, porque se quedó un espacio sin llenar y cuando eso pasa no se alcanza la madurez y somos descalificados.

Es necesario que todos seamos probados, pero las aflicciones del tiempo presente no se comparan con la gloria del tiempo venidero, es necesario que nos procesen como a la uva, que tiene que ser machacada para que salga el buen vino, como a la flor para que salga el perfume, como a la oliva para que salga el aceite. Si no te machacan a través de las pruebas no se sabrá si eres un vencedor. Luego de tantas pruebas el apóstol Pablo escribió:

Romanos 8:35 ¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada?

Entonces es necesario alcanzar la madurez, porque el Señor no se va a casar con una iglesia niña, es necesario alcanzar la madurez para reinar. Jesús dijo que al que venciere le daré que se siente conmigo en mi trono.

Una promesa que tuvo cumplimiento en aquellos días fue cuando se derramó el Espíritu Santo en el día de pentecostés, ellos comenzaron a glorificar a Dios. Pero en el capítulo uno del libro de Hechos Jesús les dijo:

Hechos 1:8 Pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra.

Ningún miembro del cuerpo de Cristo que primero no haya sido revestido con el poder del Espíritu Santo va a resistir en la prueba. Necesitamos la investidura de lo alto, para poder ser Sus testigos. La palabra testigo que aparece en este versículo, en el original es mártus, de donde viene la palabra mártir, un mártir es alguien que está dispuesto a morir por lo que cree.

Muchas personas cuando se sienten amenazadas por creer en Cristo tienden a temblar de temor. Pero cuando somos investidos del poder de Dios nada ni nadie nos puede callar. Como le pasó al profeta Jeremías, que por tantos maltratos decidió no hablar más lo que Dios le decía, pero un fuego interno lo consumía y no podía callarse.

Cuando Dios promete cumple. El Espíritu Santo en el Antiguo Testamento venia sobre las personas y se iba, no moraba en ellos, pero en el Nuevo Testamento, a partir del Pentecostés, vino para estar en ellos. Cuando nosotros estábamos sin Cristo, muertos en nuestros delitos y pecados, el Espíritu Santo salió a buscarnos para convencernos de pecado, justicia y de juicio. No vinimos a Cristo por sabios o inteligentes, fue porque el Espíritu Santo nos convenció de pecado, justicia y de juicio. Hoy día se mueve por todas partes como al principio de la creación, cuando se movía sobre la faz de las aguas.

Pero una cosa es que el Espíritu Santo nos convenza de pecado y otra es cuando aceptamos a Jesús, porque a partir de ese momento, tenemos al Espíritu Santo en nosotros. Recordemos que Jesús dijo que el que cree en Mí como dice la escritura, de su interior saldrán ríos de agua viva, refiriéndose al Espíritu Santo.

Somos aventajados con relación a los hermanos del Antiguo Testamento, porque tenemos al  Espíritu Santo con nosotros, pero otra cosa es que Él venga sobre nosotros, lo que nos habilita para ser testigos de Cristo. Lo que pasó en el Pentecostés fue el cumplimiento de esta profecía:

Joel 2:28 Y después de esto derramaré mi Espíritu sobre toda carne, y profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas; vuestros ancianos soñarán sueños, y vuestros jóvenes verán visiones.

El Espíritu de Dios se está moviendo como nunca sobre nosotros y poderosamente en el mundo, por eso vemos que se predica en lugares donde nunca antes había llegado el Evangelio. Los jóvenes están teniendo sueños, personas profetizan, muchas señales visibles en los cielos, eclipses lunares, la luna convertida en sangre.

Dice la Biblia que todo esto acontecería antes que viniera el día de Jehová. Mucha gente no sabe que existen dos días proféticos.

Los apóstoles del Cordero esperaban el día de Cristo, nos hablan de ser perfeccionados para el día de Cristo. Ese día será día de luz, un día glorioso, donde los muertos en Cristo resucitarán y la iglesia arrebatada para recibir al Señor en las nubes, pero no es el día de la segunda venida de Cristo, no es el día que todo ojo lo verá, este encuentro es allá arriba en los cielos, la iglesia será arrebatada en las nubles.

Por eso tenemos que estar unánimes, porque Cristo se lleva a una iglesia madura, luego de esto viene el día de Jehová, terrible, espantoso, día de tinieblas, en el que los hombres desearán la muerte y no la encontrarán, es la semana número setenta de la profecía de Daniel, o los siete años de la gran tribulación, tiempo donde los que no se quisieron consagrar van a lavar sus vestiduras en la sangre del Cordero.

De dos millones de personas que salieron de Egipto, solo dos entraron a la tierra prometida, porque tenían otro espíritu. La salida del pueblo de Israel de Egipto es una figura del arrebatamiento de la iglesia. Antes de ellos salir, experimentaron tres plagas que fueron comunes a los egipcios y los hijos de Israel, estas plagas fueron:

1-La plaga del agua convertida en sangre: Esto nos habla de la violencia que estamos viendo hoy día.
2-La plaga de las ranas: Te habla de todos los espíritus inmundos que se mueven afectando a los hombres. Satanismo abiertamente en el internet y siendo promovido como una religión.
3-La plaga de los piojos: Te habla de los ataques a la mente, pensamientos inicuos e inmundos, por eso la Biblia dice que debemos renovar el espíritu de nuestra mente.

Pero cuando vengan las siete peores plagas no estaremos aquí.

La iglesia que se va a casar debe estar expectante. Debemos ser como Ester, que estando en el palacio del rey Asuero se hizo amiga del eunuco que lo conocía y se dejó guiar por él. Ese eunuco es figura del Espíritu Santo. Él le decía a Ester como arreglarse, como vestirse para agradar al rey. Eso mismo hace el Espíritu Santo con la iglesia hoy día.

Jesús dijo en Lucas 21:36 Velad, pues, en todo tiempo orando que seáis tenidos por dignos de escapar de todas estas cosas que vendrán, y de estar en pie delante del Hijo del Hombre.

Así como en el aposento alto esperaban unánimes la promesa del Padre, nosotros debemos estar unidos, esperando que llegue ese día glorioso del arrebatamiento.

¿Cuantos saben que estamos viviendo los últimos tiempos? Debemos procurar llenarnos del Espíritu Santo, para que se quite de nosotros el temor de hablar de Cristo, para salir a proclamar el Evangelio de salvación.

Pedro negó a Cristo cuando una mujer le dijo tú andabas con él, pero aun no tenía el Espíritu Santo sobre él, mas cuando lo recibió, la gente al oírlo a él y a los demás discípulos hablar en diferentes lenguas, murmuraban diciendo que ellos estaban borrachos, pero Pedro se puso de pie y dijo lo que pasaba, que ellos estaban llenos del Espíritu Santo, y ante ese mensaje tres mil almas conocieron al Señor.

El llamado es a estar unánimes en un mismo sentir, llenos del Espíritu Santo. Estar juntos, expectantes de lo que el Espíritu Santo hará en nosotros.

Es un gran Pentecostés, porque las primicias están a punto de ser llevadas con el Señor. Mantengámonos juntos, unánimes, experimentando la vida en abundancia que Dios tiene para nosotros, con una sola fe, expectantes y los que aún no han recibido el bautismo del Espíritu Santo, recuerden que Jesús dijo que si nosotros que somos malos, sabemos dar cosas buenas a nuestros hijos, cuanto más el Padre, dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan.

Si te cuesta hablar de Cristo, llevar una Biblia, necesitamos ser llenos del Espíritu Santo, para poder ser testigos de Cristo donde quiera que vayamos.

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