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Joven bajo el poder de la oración extrema PDF Imprimir E-mail

 

Expositor:  Pastor Ángel  Murfin
1Samuel  18:3-4
 
18:3 E hicieron pacto Jonatán y David, porque él le amaba como a sí mismo. 18:4 Y Jonatán se quitó el manto que llevaba, y se lo dio a David, y otras ropas suyas, hasta su espada, su arco y su talabarte. 
 
Cuando nuestro Señor estuvo en la tierra escogió doce discípulos. Doce es número de gobierno.  Jesús los iba a preparar en 3 años y medio. Uno de los doce era muy joven; era llamado Juan, pero no el bautista, sino el que llegó a ser apóstol. Era un joven amoroso, a tal grado que prontamente sintió a Jesús como un papá. Se enamoró tanto del Señor que se recostaba en su pecho. Todos los demás: unos pescadores, otros economistas; pero este joven fue cautivado por Jesús de una forma especial.
 
Nosotros somos jóvenes en los ojos del Señor. Somos como ese joven que iba a ser enterrado por la viuda de Naím, cuyo sepelio Jesús interceptó. La madre de este joven no se percató de que Jesús pasaba por aquel lugar; iba llorando desconsolada la pérdida de su único hijo.  Así nosotros íbamos muertos en nuestros delitos y pecados, cuando Jesús pasó por nuestra vida para salvarnos, teniendo compasión de nosotros.
 
Jesús mandó detener el sepelio y dijo:”!Joven a ti te digo, levántate!”. Este joven, al resucitar, lo primero que hizo fue hablar. ¿Hablamos ya nosotros? ¿Si hemos nacido de nuevo, aun nos cuesta decir ¡Gloria a Dios!, ¡Aleluya! y testificar la grandeza de nuestro Señor? Primero somos oyentes nos gusta escuchar la palabra. Luego la creemos y después pasamos a ser discípulos hasta que llegamos a ser siervos, y siervos por amor. Los jóvenes necesitan ver para ser motivados, por eso hemos recibido el ejemplo de nuestro señor Jesucristo, quien nos es ejemplo en todo.
 
En las escrituras vemos al Joven David en cuyos tiempos había un gigante llamado Goliat como figura del diablo,  quien retaba en batalla al pueblo de Israel. David había descendido a llevar alimento a sus hermanos; escuchó este reto y dijo:” ¿Quién es éste que se atreve a retar al ejército de Dios? David entendió, qué sin importar la magnitud de la prueba, Dios estaba con él. David es figura de Cristo, quien venció al diablo en la cruz del calvario.
 
El ejemplo máximo de victoria y valentía, de poder bajo el Espíritu Santo, nos lo ha dado nuestro Señor Jesucristo. No podemos decir que no tenemos a quien imitar. Cuando David regresó de aquella batalla, fue presentado ante el Rey Saúl.
 
1Samuel  18:1 Aconteció que cuando Él hubo acabado de hablar con Saúl, el alma de Jonatán quedó ligada con la de David, y lo amó Jonatán como a sí mismo.
 
Los jóvenes son impactados por el ejemplo que reciben. Aquí encontramos cuatro cosas, que causaron que el  alma de Jonatán se apegara a David, al ver su ejemplo. Si amamos a Jesucristo tenemos que entregarle cuatro cosas. Y haremos las obras que Él hizo. Seremos hombres y mujeres bajo el poder del Espíritu Santo. 
 
ENTREGÓ LA TUNICA QUE LLEVABA PUESTA
 
1 Samuel 18:4
 
David estaba sorprendido de que el hijo del rey le diera sus vestiduras. La túnica representa la identidad. El vestido que las personas llevaban era lo que lo identificaba. David solo tomó el vestido, pero no se lo puso. Lo primero que debía entregar este joven era su identidad. ¿Cómo te conocen a ti fuera de la iglesia?
 
Vemos el relato del joven rico, al cual Jesús le dijo que vendiera todo lo que tienía y se lo diera a los pobres. Jesús lo que quería decirle es que se quitara su túnica, porque su identidad eran las riquezas. Hay personas que su confianza está puesta en las  riquezas,  y no pueden darle la túnica porque ahí tienen su respeto, su representación, pero Dios es el dueño del oro y la plata. No hay mejor representación que el ser llamados hijos de Dios.
 
También vemos el caso de María, quien fue visitada por  un ángel, Diciéndole: “Bienaventurada y bendita entre todas las mujeres, Dios te ha escogido para que seas la madre su hijo”.
 
Ella se preguntaba como pasaría esto si no había conocido varón.  La reputación de María en el pueblo era de una joven pura. María entregó su vestido de dignidad. Cuando Dios nos pide nuestros vestidos, es para darnos los suyos, nunca nos pedirá nada para dejarnos vacios.
 
Muchas veces se burlan de los cristianos, pero cuando comienza a ver la cobertura y protección que uno tiene, reconocen que vale la pena quitarse los vestidos y entregarlos a Cristo.
 
 
ENTREGÓ SU ESPADA
 
La espada es un arma para pelear. Representa nuestras luchas, nuestros pleitos; cuando le entregamos nuestra espada al Señor, le estamos diciendo: “Aquí están mis armas carnales para que me des tus armas espirituales las cuales son poderosas en Dios".
 
Hay mucha gente que se defienden por si mismas, pues asumen que el ser cristianos no es motivo para dejarse pasar por tontos, y arreglan sus problemas con su propia espada. No reciben corrección alguna. ¿Queremos andar en el poder de Dios? Entreguemos la espada, porque entonces Jehová de Los ejércitos peleará por nosotros. El Ángel de Jehová estará con nosotros.
 
Hay batallas que ganamos en la alabanza, hay batallas que ganamos en la oración, pero a veces se ganan las batallas estando quietos,  entregado la espada. Daniel había entregado su espada, y un día lo lanzaron al foso de los leones, y estos no habían comido en varios días. Pero la espada de Jehová salió a su defensa y fue librado. !Cuántas luchas tenemos: contra las drogas, contra la pornografía,  contra todo tipo de tentación! Cuando entregamos nuestra espada, el Señor nos libra de las tentaciones y atracciones del mundo.
 
 ENTREGÓ SU ARCO
 
No solo debemos entregar la túnica y la espada, sino también el arco. Éste es un arma de largo alcance. Representa tus sueños, tus deseos. Porque Dios quiere enviar sus saetas a diferentes lugares. Sea como doctor, ingeniero, abogado, donde Dios nos ponga podemos servirle y dar testimonio de su grandeza y poder.
 
 
Entregar el arco es decir: “Señor aquí están mis estudios, mis planes, dirígeme a donde me quieras llevar, heme aquí”. Porque a veces nos ponemos como niños obstinados y queremos imponer nuestra voluntad en el propósito de Dios.
 
Nosotros tenemos que entregar todas las áreas de nuestra vida al Señor, para que se forme el carácter de Cristo. Identificarnos como personas que han entregado su identidad a Cristo, y dejar brillar su luz. Una persona que deja a Dios pelear sus batallas. Debemos revisarnos y examinar si nuestro arco, nuestros planes, están rendidos a Cristo.
 
ENTREGÓ EL CINTURÓN
 
El cinturón sirve para retener, es una figura de fortaleza. Es una expresión, una forma de decir:”Ayúdame a retener lo que hasta ahora he recibido de ti”. Es una representación de ayuda, de fortaleza.
 
Que todo lo que hagamos, lo podamos hacer siempre bajo la guianza del Espíritu Santo y de la Palabra de Dios. Para que nuestra descendencia sea simiente santa, engendrados bajo la dirección del Espíritu Santo.