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Avanzando a otro nivel espiritual PDF Imprimir E-mail

Pastor: Edwin Polanco

 

Lucas 15:11-12. Y Jesús dijo: cierto hombre tenía dos hijos;  y el menor dijo a su Padre, dame la parte de los bienes que me corresponde; y les repartió los bienes.

 
Esta parábola, como muchos han leído, trata de dos hijos: uno desobediente que pidiéndole la herencia a su Padre se fue lejos, se aparto y luego se arrepintió y volvió a su Padre; y el otro que a pesar de ser obediente al principio, luego se apartó del Padre y nunca se arrepintió de ello. Nos refleja a Dios Padre y dos hijos que aunque viven con el Padre están poco interesados en Él; les interesaba más lo que el Padre les pueda dar y ofrecer, que estar junto a El por amor.
 
El hijo menor era conocedor de la Palabra, pero sólo de la parte que le convenía. Así hay cristianos que sólo saben las promesas de Dios, pero ignoran voluntariamente el llamado a la obediencia que nos es demandado. En la casa de Dios hay mucha gente preocupada por la bendición, pero poca por la comunión, olvidando que la comunión con El Padre es lo más importante. Aunque esos dos muchachos vivían en su casa y trabajaban para Él, estaban interesados en la herencia.
 
Yo le pregunto hoy, ¿si no existiera ninguna herencia, seguiría usted a Cristo?
 
Su interés no era el Padre, sino lo que Él les daría. Hay un nivel donde a uno no le importa realmente lo que Dios le dará, sino el mismo Dios. Es aquel en el cual no tienen que sobornarnos para orar, pues lo hacemos porque nos gusta estar en su presencia. El que procura la comunión tendrá bendición, pero el que procura la bendición y se olvida de la comunión, se acerca a la auto justificación, donde creemos que Dios nos da las cosas porque nos las ganamos o la merecemos, cuando deberíamos tener presente de que todo lo que tenemos es por misericordia. Debe llegar el momento donde aprendamos a estar con Él por amor, sin interés.
 
Deuteronomio 21:18-21. Y si alguno tuviere un hijo contumaz y rebelde, que no obedeciere a la voz de su padre y a la de su madre, y habiéndole castigado no le obedeciere; entonces lo tomaran sus padres, y lo sacaran ante los ancianos, y a la puerta del lugar donde viva; y dirán a los ancianos de la ciudad, Este nuestro hijo es contumaz y rebelde, o obedece a nuestra voz y es glotón y borracho, entonces todos los hombres de la ciudad lo apedrearan, y morirá así el mal de en medio de ti, y todo Israel oirá y temerá.
 
El hijo menor solo sabía de sus derechos como hijo, pero se le olvidó que la desobediencia hacia su Padre le acarrearía la muerte. Eso nos pasa a nosotros cuando nos interesamos más en lo que Dios nos puede dar que en el mismo Dios. No es malo anhelar las bendiciones, todo lo contrario, Dios las puso ahí para bendecirnos a nosotros, pero no nos podemos enfocar en los beneficios; hay mucho más que eso.
 
El hijo menor no se marchó de una vez recibida la herencia, sino que en la Palabra dice que no muchos días después de haberle pedido la herencia al Padre, se marchó. Es decir, se quedó unos días, pero aún estando junto al Padre, este joven ya no tenía una relación con Él. Tampoco nosotros nos marchamos inmediatamente sino que primero nos desconectamos espiritualmente de la iglesia y nuestro espíritu se vuelve inmune a las cosas de Dios. Y entonces nos vamos efectivamente.
 
Pero después que el hijo menor malgastó todo el dinero y pasó hambre, regresó al Padre llorando y pidiéndole perdón. Le dijo que lo hiciera como a uno de sus jornaleros. El Padre tuvo misericordia de Él y lo perdonó. ¿Cree usted que el Padre no sabía que volvería? Sí lo sabía, pero a veces Dios nos deja que nos tropecemos para que junto a Él aprendamos a levantar cabeza.
 
El otro hijo se enfureció cuando vio la fiesta que El Padre le había preparado a su hijo perdido, y le dijo al Padre que a pesar de haber estado siempre con Él, de no haberle desobedecido, nunca le habían dado ni siquiera un cabrito.  Sus palabras y actitud reflejan que este también estaba interesado en la herencia de su Padre. No había disfrutado el privilegio de estar con Él. Había sido obediente para ganar puntos con su Padre, nunca lo hizo con un corazón sincero de agradarle, de demostrarle su amor de hijo a través de la obediencia.
 
Así nos pasa a nosotros cuando creemos que mientras más bien nos portamos, mucho más Dios nos bendice. Dios nos bendice porque El es bendición. Pero eso no quiere decir que nos podamos comportar como hijos de desobediencia. Nuestro objetivo es agradar al Padre.
 
El Padre vistió al hijo menor, como figura de la cobertura. Le dio un anillo, figura del Espíritu Santo. Y le puso calzados a sus pies, figura de que enderezaba sus pasos. Su vida pasada había quedado atrás, ahora empezaba una nueva vida junto a su Padre, ya no por lo que Él le podía dar, sino porque lo amaba.
 
El hijo mayor amargado no quiso entrar a la fiesta junto a su hermano y su padre. El Padre no le tuvo que rogar su hijo menor que regresara, éste regresó por sí mismo. Pero al hijo mayor, el cual supuestamente siempre había estado delante de Él en obediencia, tuvo que rogarle para que entrase, sin lograr que su hijo entrara.
 
Al Padre no le preocupaba que su hijo menor había pecado porque este se había arrepentido; su preocupación era el hijo aparentemente bueno, pero lleno de resentimiento hacia su hermano y hacia su Padre por haberlo perdonado. Por más que el Padre le rogó, no entró  a la fiesta de su hermano.
 
Debemos cuidarnos de no perdonar y de creernos los más obedientes y entendidos; creernos que merecemos todo y que otros no tienen derecho a arrepentirse. Aún estando dentro de la iglesia, podemos alejarnos del Padre como le pasó al hijo mayor quien estando en la casa de su Padre, se perdió la fiesta de celebración.
 
Transcipción: Priscila Sanquintín
Corrección: Raquel Reyes