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Los Pasos del Hombre de Fe PDF Imprimir E-mail

Por Apóstol Fernando Ortiz, Jueves 01/10/2009.

 
Un buen punto para darnos cuenta si amamos a Dios es saber si Le creemos. La Palabra dice que sin fe es imposible agradar a Dios. Si a uno le preguntaran qué es la fe, probablemente respondería citando a Hebreos 11:1 Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve. Para mí, la fe es ver lo que no es como que sí es y lo que no está hecho como que sí lo está. En todo Hebreos 11 vemos diferentes ejemplos de acciones de fe. Dice, por ejemplo, que por la fe Abel ofreció a Dios más excelente sacrificio que Caín y que su ofrenda da testimonio de su fe (Heb 11:4). También nos habla de Noé, quien le creyó a Dios y actuó conforme a su fe (Heb 11:8). Por lo tanto, debemos creer y actuar en base a lo que hemos creído.   La verdadera fe conlleva tres etapas:
·         Creer como hecho lo que no está hecho.
·         Actuar en lo que hemos creído.
·         Confesar lo que hemos creído.
La mujer con el flujo de sangre
Ella era inmunda, marginada, debilitada (perdiendo su vida con su sangre), pero vio a Jesús y pensó que si tan solo tocare el borde de su manto, sería sana. Ella estaba aplicando lo que dice Hebreos 11:1. Pero no se quedó en el pensamiento solamente, sino que venció los obstáculos hasta llegar a tocarlo. Jesús al ser tocado sintió que virtud salió de Él. Se dio cuenta que de alguien lo había tocado con fe y preguntó en voz alta quién había sido.
Abraham
Abraham es considerado el Padre de la Fe. El fue llamado, y obedeció y salió.
8 Por la fe Abraham, siendo llamado, obedeció para salir al lugar que había de recibir como herencia; y salió sin saber a dónde iba.9 Por la fe habitó como extranjero en la tierra prometida como en tierra ajena, morando en tiendas con Isaac y Jacob, coherederos de la misma promesa;    10 porque esperaba la ciudad que tiene fundamentos, cuyo arquitecto y constructor es Dios
 
·         Abraham es llamado
Estando en todavía en Ur, sin pacto, sin circuncisión, siendo un solo hombre, siendo un gentil, recibió promesas en su simiente, esto es, en Cristo. Estas se cumplieron tanto para los de la circuncisión como para los de la no circuncisión, como evidencia que no es cuestión de razas, sino de las promesas.
 Por la fe Abraham obedeció y salió. Porque la fe nos lleva a obedecer a Dios, pues aún ser obedientes se requiere fe. Si consideramos que para ese momento, Abraham debió haber tenido unos setenta años y Sarah unos sesenta, es difícil concebir que hayan salido de su tierra y de su casa. Sin embargo, al ser llamados, ellos obedecieron y salieron. 
Igualmente Cristo fue llamado como vemos en Hebreos 5:5 Así tampoco Cristo se glorificó a sí mismo haciéndose sumo sacerdote, sino el que le dijo: Tú eres mi Hijo, Yo te he engendrado hoy.
Moisés sintió un llamado de defender a su pueblo, pero inicialmente lo hizo conforme a los sentimientos de su alma, hasta que más tarde recibió un verdadero llamado de Dios para libertar y dar vida a su pueblo. Ni siquiera Cristo mismo actuó de su propia cuenta. Sino que esperó la investidura de poder. 
A veces podemos tener un llamado que por momentos pareciera que se frustra cuando actuamos en base a las emociones.  Cuando te mueven los sentires del alma, en un momento te sientes campeón y en el otro ratón; en momento estás en el cielo, y en el otro en el suelo.
Pero cuando es Dios quién llama, se enciende en nosotros una llama que no se apaga.
·         Abraham obedeció.
Hebreos 11:8 nos dice que Abraham obedeció por la fe. Y en el original se refiere a escuchar prestando atención, estando subordinado, reconociendo la autoridad de quién le hablaba.
 
G5219
 ὑπακούω jupakoúo; de G5259 y G191; oír bajo (como subordinado), i.e. escuchar con atención; por impl. prestar atención o conformarse a comando o autoridad:-escuchar, obedecer.
 
Si queremos tener autoridad debemos reconocer la autoridad de Dios. Ésta no se impone, sino que se reconoce. Por eso Jesús se impactó al escuchar la respuesta del centurión.
·         Abraham salió
Gn 15:4-5 Luego vino a él palabra de Jehová, diciendo: No te heredará éste, sino un hijo tuyo será el que te heredará. Y lo llevó fuera, y le dijo: Mira ahora los cielos, y cuenta las estrellas, si las puedes contar. Y le dijo: Así será tu descendencia.
Dentro de su tienda, Abraham no podía ver los cielos para apreciar las estrellas, entonces tuvo que salir. Aunque primeramente ya había salido de su casa, de su tierra, de su parentela al lugar que le sería mostrado, luego tuvo que salir de su tienda.
Cuando Dios nos saca a un nuevo lugar, es para romper las estructuras que traemos y establecer sus estructuras en nosotros. Debemos salir de la confesión negativa, del desorden, de lo mediocre, de las tradiciones, del no se puede, del “así somos”. De no haber salido de Ur, bien pudiera haber permanecido siendo otro “pagano idólatra”; dentro de su tienda, bajo el techo de su limitación, dentro de sus propios conceptos. Pero en Cristo, somos nuevas criaturas.
Abraham no solo le tocó salir de Ur, sino que luego tuvo que salir de sí mismo y de su mentalidad porque en lo natural, él y Sarah eran ya viejos. Dios se les presenta como su escudo y galardón. Sin embargo, como le habla un hijo a su padre, Abraham abre su corazón y le dice que no tiene hijo, y que hasta ese momento su heredero sería su criado, el damasceno Eliezer.
Debe salir de nuestra boca el hablarle a Dios como hijo a padre, no en forma de reclamo, sino para pedir con fe, a Aquel que todo lo puede.
Debemos salir de la limitación de estar bajo nuestra propia tienda, porque en Dios no hay límites. Todo es posible para Dios. Es decir, en Dios 2 + 2 ≠ 4,   sino que 2 + 2 = GLORIA A DIOS!!!!
Abraham habitó como extranjero en la tierra que Dios le estaba prometiendo. Nosotros mismos estamos de paso en esta vida, pero hay quienes actúan como si fueran a vivir para toda la vida. Debemos prepararnos para morir. 
Luc 17:11-18 Yendo Jesús a Jerusalén, pasaba entre Samaria y Galilea.  Y al entrar en una aldea, le salieron al encuentro diez hombres leprosos, los cuales se pararon de lejos  y alzaron la voz, diciendo: !!Jesús, Maestro, ten misericordia de nosotros! Cuando él los vio, les dijo: Id, mostraos a los sacerdotesY aconteció que mientras iban, fueron limpiados.  Entonces uno de ellos, viendo que había sido sanado, volvió, glorificando a Dios a gran voz,  y se postró rostro en tierra a sus pies, dándole gracias; y éste era samaritano.  Respondiendo Jesús, dijo: ¿No son diez los que fueron limpiados? Y los nueve, ¿dónde están? ¿No hubo quien volviese y diese gloria a Dios sino este extranjero?  Y le dijo: Levántate, vete; tu fe te ha salvado.
Entre los diez leprosos sanados hubo nueve ingratos y uno solo agradecido. Era extranjero, sin embargo, fue el único en devolverse. Seguro que los demás fueron a mostrarse ante sus sacerdotes, pero éste al ser extranjero, no tenía ante quién presentarse y optó por devolverse y postrarse ante Jesús como su Sumo Sacerdote. Cuando entendemos que realmente no poseemos nada, que sólo estamos de paso en este mundo, podemos ser verdaderamente agradecidos. 
Juan 12:25 El que ama su vida, la perderá; y el que aborrece su vida en este mundo, para vida eterna la guardará.
   
Abraham esperaba la ciudad de Dios. Un paso de fe es saber que hay una nueva Jerusalén. Cuando hay fe Dios levanta aquello que da por muerto. En los pasos de fe, existe la prueba; pues no seremos aprobados si primero no somos probados. La prueba es para saber dónde está enfocado nuestro corazón. La prueba pone lo que nos falta, y quita lo que está de más en nosotros.
Abraham entendió la voluntad de Dios, porque él no entregó a su hijo, sino que lo ofreció por encima de sus sentimientos.   Abraham ofreció a Dios lo que más amaba. Con este ofrecimiento, Abraham demostró que tenía temor de Dios y que en su corazón, que solo Dios tenía el primer lugar.
Gen 22:5 Entonces dijo Abraham a sus siervos: Esperad aquí con el asno, y yo y el muchacho iremos hasta allí y adoraremos, y volveremos a vosotros.
He 11:17-19 Por la fe Abraham, cuando fue probado, ofreció a Isaac; y el que había recibido las promesas ofrecía su unigénito,  habiéndosele dicho: En Isaac te será llamada descendencia; pensando que Dios es poderoso para levantar aun de entre los muertos, de donde, en sentido figurado, también le volvió a recibir.
En nuestro caminar, algunas veces estaremos acompañados por quienes nos rodean, pero otras, iremos solos, así como Abraham tuvo que subir al monte sólo con su hijo. Esto nos lleva a afirmar que al monte no suben ni los esclavos, ni las bestias de carga, sino sólo los hijos a adorar. Pues Abraham tenía tal confianza en Dios que declaró que adorarían y regresarían, aunque en su corazón sabía lo que Dios le había pedido. Estuvo convencido de que aunque matara a su hijos Isaac, Dios se lo resucitaría, por las promesas de bendición que Dios le había dado, las cuales se cumplirían a través de este hijo. 
Transcripción y corrección: Raquel Reyes