| Haciendo la Voluntad de Dios |
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Dr. Paul Caram, 06/12/2009, Domingo 3C
Hacer la voluntad de Dios es aún más importante que sentir su presencia. Cuando hacemos las cosas a la manera de Dios, nuestras obras permanecen. Cuando Jesús fue a la cruz, no se sentía bien, ni sentía la gloria de su Padre sobre Él, sino que sentía dolor. Estaba agonizando, pero haciendo la voluntad de Dios, y por cuanto Él cumplió la voluntad de Dios, sus obras permanecen.
Israel estuvo en el desierto y durante el día ellos tenían una nube que les cubría y durante la noche tenían una columna de fuego; tenían la presencia de Dios, escucharon la voz de Dios desde el monte Sinaí, pero no iban a ningún lado, vagaban en un círculo, fuera de la voluntad de Dios, pero Dios fue fiel y permaneció con ellos. Así que tener la presencia de Dios, no significa que Él esté agradado de nosotros. Existe pues una decisión universal muy importante: hacer mi voluntad o la voluntad de Dios.
El pecado comenzó en el cielo, comenzó en la misma presencia de Dios, cuando Lucifer exaltó su voluntad cinco veces por encima de la voluntad de Dios. Isa 14:12-14 ¡Cómo caíste del cielo, oh Lucero, hijo de la mañana! Cortado fuiste por tierra, tú que debilitabas a las naciones. Tú que decías en tu corazón: Subiré al cielo; en lo alto, junto a las estrellas de Dios, levantaré mi trono, y en el monte del testimonio me sentaré, a los lados del norte; sobre las alturas de las nubes subiré, y seré semejante al Altísimo. Cinco veces puso él su voluntad por encima de la voluntad de Dios, y este fue el inicio del pecado en todo el universo. Él trajo esa rebelión aquí a la tierra y se acercó a Eva, y la persuadió y la atrajo para no hiciera caso al mandamiento que Dios le había dado y para que ella escogiera su propia voluntad por encima de la que Dios le había dado, por la tanto la humanidad está infectada por este terrible pecado que se llama “MI VOLUNTAD”.
Cuando Jesús bajó del cielo, vino a hacer una sola cosa y fue la voluntad del Padre. Esta es la señal de un verdadero cristiano, cuando no estamos dirigiendo nuestra vida y estamos hacienda la voluntad de Dios, cuando estamos diciendo no a nuestros impulsos, por medio de la gracia. Porque se requiere del poder de Dios para poder decir no, a nuestra manera de hacer las cosas. No podemos hacer esto por nuestra propia fuerza.
Jesús murió mucho antes de ir a la cruz. Él moría cada día, cada mes, cada año, porque siempre hacía la voluntad de su Padre y no la suya. A Jesús le fue dado un cuerpo humano igual al nuestro y sentía exactamente lo mismo que nosotros. Fue tentado en todo igual que nosotros, sin embargo no pecó. Esta sería la pregunta que cada día debemos hacernos: ¿Voy a hacer mi voluntad o la del Padre?
Debemos aceptar que Dios es más inteligente que nosotros, por eso debemos sentirnos confiados de dejar nuestras decisiones a Él, porque Dios sabe qué es lo mejor para nosotros. Hoy nos puede gustar algo y mañana no, porque las emociones cambian; las bolsas de valores, la economía cambia, no hay nada estable, pero Dios no cambia, Él siempre permanece igual. “YO SOY JEHOVA Y NO CAMBIO”. No sabemos qué sucederá mañana y es preferible que Aquel que conoce el futuro guie nuestras vidas.
En Hechos 9 conocemos la historia de Saulo, quien conoció a Jesús en el camino a Damasco; mientras perseguía a los cristianos era sincero, pero la sinceridad no salva a nadie, es la verdad la que nos hace libres. A veces somos muy sinceros pero vamos en el camino equivocado. Jesús dijo: “ Yo soy el único camino”. No hay muchos caminos que lleven al cielo. El creador descendió, se hizo hombre, derramó su sangre por nosotros y no hay otra manera de ser perdonado. Él dijo: “Yo soy el camino, la verdad y la vida y nadie va al Padre, si no es por Mí “.
Pablo conoció a Jesús y una gran luz brilló sobre él. En el capítulo cinco, Pablo le pregunta a Jesús: ¿Quién eres Señor? Esta es un pregunta importante y deberíamos hacérnosla cada día y pedirle a Jesús que nos enseñe más de Él. En el capítulo seis, Pablo le dijo: “Señor, ¿qué quieres que yo haga?”. Eso debemos preguntarle al Señor siempre, cuál es su voluntad, cuál es su plan en nuestras vidas, qué cosas quiere el Señor que nosotros hagamos. A menudo hacemos las cosas al revés, le decimos a Dios las cosas que nosotros queremos que Él haga. A veces nos levantamos a orar en la mañana y damos nosotros las instrucciones al Señor de cómo se harán las cosas, entonces lo hacemos a Él como el siervo. Le explicamos al creador cómo queremos que las cosas se hagan. Pero debemos cambiar y decir: Señor, ¿que quieres que haga?
La respuesta que el Señor dio a Pablo fue muy interesante, le dijo: “Entra a la ciudad y se te dirá lo que tienes que hacer”. El Señor le pudo haber explicado a Pablo todo lo que tenía que hacer, pero necesitamos la humildad para escuchar a Dios hablarnos a través de otras personas, así que Dios preparó a Ananías para que le hablara. Éste cuestionó a Dios porque ya él había escuchado de los hechos de Paulo, pero el Señor le dijo que no se preocupara, porque Pablo era vasija escogida para Dios y estaba llamado a hacer tres cosas: ser testigo a Israel, a los gentiles, y estaría delante de reyes. Dios usó un instrumento humano para decir a Pablo lo que tenía que hacer. Si nosotros queremos saber cuál es la voluntad de Dios en nuestra vida, a veces Dios usará un instrumento humano. A veces las personas dicen que ellos solos pueden escuchar al Señor, pero debemos entender que Dios estableció maestros para ayudarnos a entender cuál es la voluntad de Dios para nuestra vida.
En Hechos 8 vemos la historia del Etíope y Felipe, el primero leía el libro de Isaías y adoraba a Dios en Jerusalén, el estaba sentado en su carro y el ángel de Jehová le habló a Felipe para que fuera con él, mientras leía en voz alta y Felipe le preguntó: Entiendes lo que lees?. Y el Etíope le respondió: “Como entenderé si alguno no me enseñare?”. Así que nos necesitamos unos a otros para encontrar el plan, la voluntad de Dios en nuestras vidas.
Dios tiene un plan especial para cada uno, cada persona en el mundo es diferente. Es increíble la creatividad de Dios para crear el universo, y esto quiere decir que Dios tiene un plan diferente para cada uno, por eso no debemos compararnos ni medirnos con los demás. Dios tiene un deseo, tiene un plan especial para tu vida y la mía, y es que nos convirtamos y que hagamos algo.
Las preguntas que Pablo hacía a Dios: Señor, ¿Quién eres Tú? Señor, ¿qué quieres que haga? Estas dos preguntas están relacionadas, porque conforme nosotros hacemos lo que Dios quiere que hagamos, esto nos va transformando en su imagen. Pero cuando un cristiano hace su propia voluntad comete grandes errores y el resultado de eso es la amargura, y luego enojo hacia Dios, dos frutos terribles; y en vez de conformarnos a su imagen, nos convertimos en personas desventuradas. Así que es muy importante que hagamos la voluntad de Dios, y no la nuestra.
Existe una cosa que nos asegura que iremos al cielo, y no es tener un gran ministerio, o algo parecido, sino, hacer la voluntad de Dios. Mateo 7:21 No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos.
En el evangelio de Juan dice” El Padre no juzga a nadie, sino, que ha entregado el juicio al Hijo”. Esta escena que tenemos en este versículo es el futuro en el trono del juicio de Dios. Aquí tenemos una imagen del trono en el juicio. Habrá dos imágenes cuando nos enfrentemos al Señor: una tendrá la escena de lo que era el plan de Dios para nosotros y la otra, lo que nosotros decidimos hacer por nosotros mismos, y Dios espera que las imágenes sean la misma. No queremos hacer nuestra voluntad, no queremos casarnos con la persona equivocada, no queremos llevar nuestro ministerio como nosotros queremos, es muy importante que hagamos las cosas a la manera de Dios.
Mat 7:22 Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Aquí vemos personas que fueron usadas, pero no aprobadas por Dios. Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad.
Sansón tenía el Espíritu de Jehová sobre él. Un día fue atacado por un león, el cual se encontró con una gran sorpresa: un hombre sin igual en su fuerza, pues lo agarró lo hizo pedazos. Estando rodeado de miles de filisteos, con una quijada de un asno, los mató a todos. Una noche en una aldea fue rodeado, y dirigiéndose a la puerta, la arrancó desde sus cimientos. Quizás pesaban cientos de libras, pero corrió más de 25 millas con esas puertas cargadas. Eso ameritaría una medalla olímpica de oro, verdaderamente él estaba ungido. Una noche estaba con una mujer y Dios aún lo seguía ungiendo, pues cuando un hombre de Dios cae, el Espíritu Santo no lo deja inmediatamente. Después de otras obras poderosas estuvo con otra mujer, y el Espíritu Santo aún lo seguía ungiendo. Pero luego estuvo con otra mujer, y finalmente Dios traza una línea y le dice: “Ya no más!”. Esto fue lo que Jesús nos enseñó: “si tus ojos son causa de pecado es mejor perderlos”. Si estamos usando nuestros ojos para el adulterio, para la pornografía, es mejor perderlos, para que nuestra alma sea salva.
Dios permitió que Sansón perdiera sus ojos, y eso lo trajo al arrepentimiento. No podemos esperar seguir fornicando, seguir robando, seguir adulterando, y aún así pensar que un día vamos a llegar al cielo. Debemos pedir a Dios el don del arrepentimiento, pedir gracia y su misericordia para que nos limpie de todo pecado.
Actualmente hay un gran problema en la iglesia: no es lo que se predica, sino, lo que no se predica. A menudo escuchamos acerca de todas las bendiciones, y se nos dicen que declaremos las bendiciones; pero también están las maldiciones: las bendiciones por obedecer y las maldiciones por desobedecer. El problema de muchas iglesias es que los ministros solo predican las bendiciones.
Cuando hay una audiencia y un testigo es llamado al estrado, éste jura decir toda la verdad. Puede que diga toda la verdad pero si omite algunos factores importantes, se convierte en un testigo falso. Esto es lo que pasa en muchas iglesias, se predica muchas cosas buenas: “Dios es bueno, Jesús sana, provee, nos quita la tristeza, nos da gozo, suple nuestra necesidad”, y todas estas cosas son ciertas porque Él ama dar buenos dones a sus hijos. Tenemos un Padre amoroso, pero si no se advierten a las personas de las consecuencias del pecado, nos convertimos en testigos falsos.
Los ministros deben predicar la verdad, porque esta es la que hace libres a las personas. Jesús dijo: “Cuidado cuando todas las personas hablen bien de ti” porque lo mismo le dijo el pueblo a los falsos profetas en la antigüedad. ¿Qué le dijeron los falsos profetas al pueblo? “Dios los ama incondicionalmente, las cosas van a mejorar, Dios te acepta como eres”. Y Jeremías estaba diciendo lo opuesto: “viene el juicio, tienen que arreglar su corazón con Dios”. Y todos amaban a los falsos profetas, porque éstos los hacían sentir bien, y a las personas no le gusta que le digan que tienen que cambiar.
Recuerden lo que dijo Pablo: “Toda la escritura es inspirada por Dios”, y todas estas cosas están escritas para que la aprendamos, el problema es que no podemos escoger nuestros versículos favoritos, debemos predicar todo lo que Dios dice en su palabra.
Deu 11:26-28 He aquí yo pongo hoy delante de vosotros la bendición y la maldición: la bendición, si oyereis los mandamientos de Jehová vuestro Dios, que yo os prescribo hoy, y la maldición, si no oyereis los mandamientos de Jehová vuestro Dios, y os apartareis del camino que yo os ordeno hoy, para ir en pos de dioses ajenos que no habéis conocido.
Veamos ahora a Jesús el autor de nuestra salvación, El tenía una pasión en su vida: “Yo he venido a hacer tu voluntad oh Dios”. Nosotros fuimos hechos por Él y para Él. A menudo pensamos que Él fue creado para nosotros, porque siempre está ahí para suplir nuestra necesidad. En verdad, Él ama hacer eso, pero en realidad nosotros fuimos hechos para complacer a Jesús. Debemos comprender por qué estamos en esta tierra, fuimos creados por alguien más y para alguien más; por lo tanto, si queremos estar felices, necesitamos saber por qué fuimos creados. Esto fue lo que dijo Jesús: “Yo sólo hago las cosas que complacen a mi Padre” y Él estaba lleno de gozo. Cuando las personas viven para sí mismas viven muy vacías.
Apoc. 4:11 Señor, digno eres de recibir la gloria y la honra y el poder; porque tú creaste todas las cosas, y por tu voluntad existen y fueron creadas.
Aquí vemos que la clave de la felicidad es entender por qué te hizo Dios, y la razón es para agradarlo a Él. Por su voluntad y conforme lo agradamos, nosotros somos completamente plenos.
Transcripción: Isabel Vicente
Corrección: Raquel Reyes
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