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El Acomodamiento PDF Imprimir E-mail

Por Pastor Patricio Zarazua, Jueves 18/02/2010 

 
Al pertenecer a tan bendita comunión con el Señor corremos el peligro de perder poco a poco el interés en las cosas de Dios. Después del proceso milagroso y maravilloso de la salvación, existen salvos que no son agradecidos con Dios, y que esperan día con día su bendición sin mostrar gratitud alguna; a veces, ni siquiera prestan su corazón para adorarlo. Existe una responsabilidad de parte de nosotros; si Dios nos ha salvado, debe haber una actitud de correspondencia para que esa relación con Dios no se pierda.
 
Dice en la Carta a los Corintios, que el que no ama a Jesús es anatema (1 Co 16:22 RV60). Si no estamos viviendo por amor a Cristo, y asistimos a la iglesia tan solo porque pensamos que las bendiciones de Dios no las recibiremos de otro modo, estamos equivocándonos.
 
1Co 1:27-28 Antes lo necio del mundo escogió Dios para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios para avergonzar a lo fuerte; y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, y lo que no es, para deshacer lo que es;
 
La palabra “necio” es el equivalente a la palabra “ateo”; aunque existen dos clases de ateos: el ateo teórico y el ateo práctico. El ateo teórico es todo aquel que se levanta a voz en cuello gritando “no hay Dios”, pero el ateo práctico es aquel vive día a día sin tomar en cuenta a Dios.
 
La palabra vil se refiere a algo sin valor. Es por esto que la Biblia dice que el Señor Jesús no vino por justos, sino por pecadores; no vino por sanos, sino por enfermos. La Gracia de Dios se manifestó en todos aquellos que no tenían valor. Por ellos vino Cristo, no buscando lo especial, sino lo menospreciado.
 
Así también, en Cantares 2:1-4, se habla de aquella mujer que aún siendo pobre el rey se fijó en ella. Fue privilegiada a pesar de su condición. Todo cambió, ya que el rey la llevó al palacio, pero ya en el palacio, ella se acomodó. En Cantares 5:3-4 podemos observar que cuando ella estuvo en una condición más cómoda sus prioridades cambiaron. El Rey le dijo: “Ábreme, hermana mía, amada mía, paloma mía, perfecta mía” [Cant. 5:2], pero ella le contestó de una manera que denotaba su acomodamiento. 
 
Debemos procurar no ser como esta mujer que al estar instalada en el palacio le cerró la puerta al Rey cuando Él quería tener comunión con ella. O como aquellos 10 leprosos que el Señor Jesucristo sanó, de los cuales solamente uno regresó; aquel cuya gratitud lo hizo regresar y postrarse delante del Señor y adorarlo. (Lucas 17:16-17).
 
Lucas 17:16-17 “…y se postró sobre su rostro a sus pies, dándole gracias; y éste era samaritano. Y respondiendo Jesús, dijo: ¿No son diez los que fueron limpiados? ¿Y los nueve dónde están?
 
Debemos luchar para no reaccionar como esos nueve que no fueron a postrarse delante de Dios. No vayamos a cometer el error de esta mujer que le cerró la puerta al rey, después de haber sido instalada en el palacio. 
 
El Señor Jesucristo es figura de este rey de quien se habla en Cantares, ya que en la Palabra dice que es Jesús quien toca a la puerta y llama; si alguno abre la puerta, Él entrará y cenará con él. Pero también quedó registrado este llamado a la puerta para una de las iglesias en Apocalipsis (Apo 3:20). Debemos tener cuidado de acomodarnos en las muchas bendiciones.
 
Mar 6:44-45 Y los que comieron de los panes eran como cinco mil hombres. Y en seguida hizo a sus discípulos entrar en la barca e ir delante de Él al otro lado, a Betsaida, entre tanto que Él despedía a la multitud.
 
En este pasaje vemos que Dios huye de las personas que lo buscan solo por las bendiciones. El Señor Jesús después de la multiplicación de los panes, examinó el corazón de las gentes, y decidió ir a predicar a otro lugar. No debemos buscar a Jesús únicamente por las bendiciones, sino que debemos concentrarnos en que nuestro espíritu va a llegar al cielo, ya que esa es la razón principal por la cual Cristo vino a este mundo. No debemos enfocarnos en las cosas materiales de este mundo, más bien en que nuestros espíritus estarán delante de la presencia del Señor.
           
Jeremías  7:11-14
¿Es cueva de ladrones delante de vuestros ojos esta casa sobre la cual es invocado mi nombre? He aquí que también yo lo veo, dice Jehová. Andad ahora a mi lugar en Silo, donde hice morar mi nombre al principio, y ved lo que le hice por la maldad de mi pueblo Israel.  Ahora, pues, por cuanto vosotros habéis hecho todas estas obras, dice Jehová, y aunque os hablé desde temprano y sin cesar, no oísteis, y os llamé, y no respondisteis; haré también a esta casa sobre la cual es invocado mi nombre, en la que vosotros confiáis, y a este lugar que di a vosotros y a vuestros padres, como hice a Silo. (RV60)
 
Dios nos ha escogido para bendecirnos, para ser el tabernáculo, la habitación de Dios mismo. Pero en este pasaje hay tres cosas en las cuales debemos poner atención. La Presencia de Dios estuvo en Silo por más de trescientos cincuenta años, pero por la maldad, la indiferencia, la frialdad y la falta de entrega del pueblo, Dios dispuso sacar su presencia de Silo. Cuando el arca de Dios salió de Silo, jamás volvió. Silo perdió ser el centro de adoración donde la Presencia de Dios se manifestaba. Fue allí también donde Israel no les puso importancia a sus pecados “pequeños”. Hay pecados de muerte; hay pecados de omisión y de acción. Según el concepto de la gente, hay pecados grandes y pecados pequeños, pero para Dios no hay pecado pequeño, pues escrito está que “las pequeñas zorras, son las que echan a perder las viñas. [Cantares 2:15]”.   
 
A veces en las cosas pequeñas no nos interesamos; cosas tales como la falta de entrega, la indiferencia. Así como hay muchas personas que son fieles, entregadas, puntuales, exigentes, que entregan un excelente trabajo, ¿Qué dirá Dios si somos así en cuanto a entregarnos a Él o con la intimidad con Él? ¿Si llegamos cuando queremos a la iglesia, cuando se nos pega la gana? ¿Nos interesamos nosotros en entrar a la presencia de Dios para adorar, alabar y bendecir Su Nombre? 
 
En muchas iglesias ya hay personas que solo llegan a escuchar el mensaje, solo llegan a recibir, pero no a dar. Tenemos que encontrar en nosotros esa gratitud como la del único leproso de los diez, que se postró delante del Señor Jesucristo. Hay muchos que son expertos, creativos y prontos en pedir, pero no para dar.
 
Dijo el Salmista “Bendice alma mía a Jehová, y bendiga todo mis ser su Santo Nombre, bendice alma mía a Jehová, y no olvides ninguno de sus beneficios. [Salmo 103:1-2]”, como hablando a su alma, diciéndole que siempre se recuerde y que sea agradecida con el Señor. Ya que Dios ha hecho mucho por nosotros: nos ha libertado, nos ha sanado, nos está edificando.
 
Debemos estar en “vigilia” constante por el Amor que Dios nos ha manifestado, y buscar ser agradecidos por lo que Dios ha hecho por nosotros, porque nosotros no pagamos nada por la salvación, ya que al creer recibimos la salvación, pero ahora no se trata de salvación, sino como dice la Palabra “Ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser [1Juan 3:2]”. Es ahora que eres hijo de Dios, es ahora, no mañana. Y toda obra que hagamos nos será recompensada [2Co 5:10], así que todo esfuerzo que hagamos Dios lo recompensará. Algo que tiene mucho valor delante de la presencia de Dios, es la gratitud que podamos expresarle y rendirle esa Adoración.
 
Cuando el Señor Jesús vino a la tierra, vino con deseos de predicar en el templo; buscó hacerlo, pero al ver la frialdad, la indiferencia y la falta de entrega del pueblo, predicó más en las calles: a la orilla de los lagos, en los montes, en los desiertos. Para poder sostener a los oyentes en el desierto, tenía que hacer milagros [Lucas 9:12]. Los milagros de la multiplicación de los panes, Jesús los hizo en el desierto, no en la ciudad. Porque la gente de la ciudad no quería recibir el mensaje de Jesús.
 
Vemos pues cómo en el Antiguo Testamento Dios apartó su presencia de Silo, y cómo en el pasaje de Jeremías esta profetizándose la destrucción del templo y nuevamente Dios apartando su presencia [Jeremías 7:11-14].  También el Señor Jesucristo profetizó en contra del templo de que sería destruido [Lucas 19:41-46]. ¿Por qué esta tendencia de decadencia y de descuido? ¿Por qué esta tendencia de aflojar la comunión con Dios? No debemos descuidar nuestra comunión.
 
En la vida de Job podemos ver que se suscitaron muchos problemas, sin embargo Job adoraba a Dios. Su mujer le dijo un dijo un día que ya maldijera a su Dios y muriera, y él le respondió: “¿Recibiremos de Dios el bien, y el mal no lo recibiremos [Job 2:9-10]?” cuando lo había perdido todo, incluso la salud. Job podía adorar a Dios incluso en la situación más difícil.
 
En cualquier situación debemos adorar a Dios, y su bendición nunca se apartará de ti.

 

 

Transcripción: Armando García

Revisión: Raquel Reyes