| Samuel, y el ver y conocer a Dios en plenitud IV |
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Por Pastor Fernando Ortiz, 09/05/2010, Domingo 1c
La Biblia nos habla de una mujer llamada Ana, que estaba casada con un hombre llamado Elcana. Ana no tenía hijos, pero Elcana tenía otra mujer llamada Penina, que a diferencia de Ana, era una mujer muy fértil. Cada año tenía un nuevo bebé y era presentado en el templo. Ana continuaba sin concebir, y su alma se estaba amargando; cuando pedía a Dios lo hacía de manera irritada, y su motivación era rivalizar, pues era provocada por Penina.
La Biblia dice que a veces pedimos mal y no recibimos lo que pedimos, porque pedimos para nuestro deleite. Ana pasó mucho tiempo pidiendo para ella, hasta que un día dijo: “Señor si Tú me das un hijo, varón, Yo te lo voy a dedicar”. Dedicar un hijo es devolverlo a Dios con un propósito establecido en su vida. Y Ana le dijo: “Te lo voy a dedicar para que esté delante de Ti, todos los días”. Dios escuchó a Ana, y le dio un hijo varón y lo llamó Samuel, y este nombre significa: “Pedido a Dios”.
El propósito para lo cual fue dedicado Samuel se cumplió: llegó a ser un gran profeta y nunca dejó caer una sola palabra de Dios a tierra. Nosotros, como padres, podemos establecer propósitos espirituales y físicos en nuestros hijos, pero estos propósitos pueden ser positivos o negativos. Por ignorancia a veces le decimos a los hijos: “Tú no sirves para esto o aquello, no vales, etc” y con esto ya estamos estableciendo propósitos en ellos. Pero cuando venimos al conocimiento de la Verdad, esta nos hace libres y podemos cambiar esos propósitos.
Entonces Samuel fue entregado al templo, y como Ana devolvió a Dios el hijo que le había pedido, entonces ella fue bendecida de parte de Dios con otros hijos; pero ahora estos hijos eran de bendición. Samuel creció en el templo en el tiempo que había un sacerdote llamado Elí, el cual había perdido la visión de lo espiritual.
1Sa 3:19 Y Samuel creció, y Jehová estaba con él, y no dejó caer a tierra ninguna de sus palabras.
Debemos crecer, actuar y buscar la manera de que Dios esté siempre con nosotros. La madre de Samuel fue la que estableció el propósito en su vida. Cuando se dedican niños al Señor, el momento se convierte en importante porque se están estableciendo propósitos delante de Dios para la vida de ellos, y los padres comprometiéndose ante el Señor para hacer que se cumplan.
Nosotros debemos ser como Samuel, que valoró La Palabra, y valorarla es no dejarla caer a tierra. Así como el diamante, oro y plata no son dejados caer a tierra por ser piedras preciosas, ¿cuánto más La Palabra de Dios que vale más que el oro y la plata? Pues en ella hay sabiduría.
1Sa 3:20 Y todo Israel, desde Dan hasta Beerseba, conoció que Samuel era fiel profeta de Jehová.
Samuel no era cualquier profeta, porque en Israel había profetas infieles y falsos. La Biblia dice que Samuel era profeta fiel desde el principio. Llegó a ser grande y toda la gente conocía de él.
Nosotros debemos de dar evidencias de tres tipos de testimonio:
1- Testimonio de Dios.
2- Testimonio de nosotros mismos (a veces nos creemos más que otro)
3- Testimonio de las personas. En ocaciones no damos importacia a lo que diga la gente. Pero, debemos ser cuidadosos, porque el buen testimonio abre puertas, La Biblia dice que más que el dinero es el buen nombre; por eso debemos de cuidar nuestro testimonio, porque una cosa es hacer las cosas bien y otra es aparentarlo.
Hasta aquí vemos que Samuel era profeta fiel de Jehová, no dejó caer palabra de Dios a tierra, sin embargo, le faltaba algo. ¿QUE SERA?
1Sa 3:21 Y Jehová volvió a aparecer en Silo; porque Jehová se manifestó a Samuel en Silo por la palabra de Jehová.
En el tiempo de Elí Dios dejó de hablar. Pero cuando sale Elí y entra Samuel, siervo fiel, comienza Dios a hablar de nuevo al pueblo. Porque para Dios hablar a su pueblo, necesita hombres fieles. Pero también deja de hablar a través de hombres infieles, como Elí, que menosprecian la ofrenda de la casa de Dios.
1Sa 7:3 Habló Samuel a toda la casa de Israel, diciendo: Si de todo vuestro corazón os volvéis a Jehová, quitad los dioses ajenos y a Astarot de entre vosotros, y preparad vuestro corazón a Jehová, y sólo a él servid, y os librará de la mano de los filisteos.
Dios levanta a Samuel en Israel, pero antes había estado Elí, un sumo sacerdote, que no andaba en rectitud delante de Dios. Y si la cabeza, que era Elí, andaba mal, entonces ¿cómo estaría el pueblo? Cuando le tocó a Samuel ser profeta, tuvo que enderezar todas las cosas que Elí había hecho mal, incluyendo las malas acciones que había dejado hacer a sus hijos.
En el verso anterior Samuel le dice al pueblo de Israel que se volvieran a Dios, y esto demuestra que ellos estaban alejados, porque el pueblo de Israel tenía dioses falsos.
1Sa 7:4 Entonces los hijos de Israel quitaron a los baales y a Astarot, y sirvieron sólo a Jehová.
Es importante destacar la unción y el poder que tuvo este mensaje de Samuel. Puesto que aún Israel sirviéndole a otros dioses, sus palabras lograron que esas personas se volvieran a Dios. La autoridad santa que había recibido Samuel le permitió a todo un pueblo volver su corazón al único Dios verdadero. Samuel seguía demostrando que era un gran profeta y que tenía respaldo ministerial.
“Si de todo vuestro corazón”…Esta es la clave, el inicio para una restauración viene cuando hacemos las cosas de todo corazón. A veces hacemos las cosas que se supone debemos hacer, pero seguimos igual, porque no las hicimos de todo corazón. “Volvéis a Jehová y preparad vuestro corazón”. Debemos volver el corazón a Dios. Cuando nos alejamos podemos creer que estamos bien y los demás están mal, pero debemos preparar el corazón para poder volver a Dios, y esto sucede cuando somos humildes. Y la humildad es decir: “Señor aquí está mi vida” dejando que Dios haga lo que tiene que hacer.
Entonces Samuel tenía mensaje, tuvo respaldo de parte de Dios, tenía éxito ministerial, no dejó caer palabra de Dios a tierra, tenía buen testimonio, pero no estaba completo. ¡Aún le faltaba algo! A veces tenemos éxito empresarial, éxito familiar, éxito ministerial, pero esto no es todo, nos puede faltar algo.
1Sa 7:13 Así fueron sometidos los filisteos, y no volvieron más a entrar en el territorio de Israel; y la mano de Jehová estuvo contra los filisteos todos los días de Samuel.
Dios utilizó a Samuel para preservar a una nación que estaba siendo atacada por los enemigos. Muchas veces Dios cuida lugares y empresas porque hay hijos de Dios allí. Samuel fue respaldado por Dios hasta el final de sus días, sin embargo, le faltaba algo.
1Sa 8:1 Aconteció que habiendo Samuel envejecido, puso a sus hijos por jueces sobre Israel.
Habíamos visto que Samuel creció junto al sacerdote Elí. Los hijos de Elí hicieron mal uso con las ofrendas del pueblo, hicieron cosas desagradables, y tomaban lo que no les pertenecía. Por eso Jehová se enojó con Elí y hasta le fue quitada el Arca. En cambio, Samuel había comenzado bien, tuvo hijos varones… pero, ¡que los papás sean santos no es garantía para que los hijos sean santos! Y esto se cumplió en la casa de Samuel. Se pueden heredar rasgos, podemos ser transmisores de fe a nuestras generaciones: tenemos el caso de la abuela Loida, la fe que tenía, la tuvo su hija Eunice y también su nieto Timoteo. Podemos entonces heredar la fe, o la negatividad, etc., pero no La Santidad.
1Sa 8:3 Pero no anduvieron los hijos por los caminos de su padre, antes se volvieron tras la avaricia, dejándose sobornar y pervirtiendo el derecho.
Samuel pensaba que sus hijos iban andar como el anduvo, que iban a ser rectos. Pero no salieron a él, porque se volvieron avaros, se dejaron sobornar y se pervirtieron. Esto nos enseña a los padres, que nosotros tenemos la responsabilidad de transmitir hasta donde podamos, pero nuestros hijos tienen la responsabilidad de tomar el camino derecho, de no torcer el camino de sus padres. Nuestros hijos deben tener su propia realidad con Dios, y no que hablen solamente del Dios de su papá o de su mamá. Porque Dios es Dios de Abraham, Dios de Jacob y Dios de Isaac. Esto es, que cada generación debe ver a Dios, como su Dios, porqueDios no tiene nietos, Dios tiene hijos.
Jue 2:16 Y Jehová levantó jueces que los librasen de mano de los que les despojaban;
Los jueces eran puestos por Dios, pero en el caso de Samuel él mismo fue quien determinó poner a sus hijos sin la aprobación de Dios. La Santidad no se puede heredar, el hecho de que nuestros padres sean hombres y mujeres de Dios, no es garantía que los hijos seamos santos. Cada persona necesita una realidad con Dios y tomar el camino verdadero. Samuel tuvo la mejor intención con sus hijos, pero Dios no estaba ahí; y esto nos enseña que los aspectos ministeriales tampoco se heredan. En lo natural hay hijos que escogen la misma profesión del papá; pero eso no significa que si el papá es médico, el hijo lo es solo por ser hijo de medico. Asimismo sucede con la espiritual.
1Sa 8:4 Entonces todos los ancianos de Israel se juntaron, y vinieron a Ramá para ver a Samuel,
Samuel era un hombre de Dios, con respaldo de Dios y de todos los ancianos.
1Sa 8:5 y le dijeron: He aquí tú has envejecido, y tus hijos no andan en tus caminos; por tanto, constitúyenos ahora un rey que nos juzgue, como tienen todas las naciones.
El pueblo de Israel erró en rechazar a Samuel porque había envejecido. Porque La Biblia habla de un excelente principio: “ante las canas te inclinarás”, no refiriéndose a las canas físicas, sino, a la madurez.
1Sa 8:6 Pero no agradó a Samuel esta palabra que dijeron: Danos un rey que nos juzgue. Y Samuel oró a Jehová.
A Samuel no le agradaron estas palabras, porque él no se había preparado para esta etapa. El pueblo de Israel reconocía que Samuel ya estaba viejo y sus hijos no estaban preparados para ser jueces, por eso, pidieron un rey. Y aunque no era malo lo que estaban pidiendo, porque ya había promesa dada a Abraham de parte de Dios que de su simiente levantaría reyes; el problema vino y, viene en nuestra vida actual, cuando pedimos antes del tiempo. Cuando nuestra motivación es en la carne, es humana y no es Dios que la pone, porque La Biblia dice: “Todo es hermoso a su tiempo”.
1Sa 8:7 Y dijo Jehová a Samuel: Oye la voz del pueblo en todo lo que te digan; porque no te han desechado a ti, sino a mí me han desechado, para que no reine sobre ellos.
La palabra que utiliza es la palabra “Desechado”, Samuel había tomado esto en lo personal, pero, era a Dios que ellos estaban desechando. Muchas veces nosotros personalizamos, pero cuando Dios te pone en un lugar y alguien trata de dañarte, no es a ti que lo hacen, sino a Dios, y esto son Principio Divino.
Rom 13:1 Sométase toda persona a las autoridades superiores; porque no hay autoridad sino de parte de Dios, y las que hay, por Dios han sido establecidas.
Rom 13:2 De modo que quien se opone a la autoridad, a lo establecido por Dios resiste; y los que resisten, acarrean condenación para sí mismos.
Si nos resistimos a alguien que Dios ha puesto, es a Dios que nos resistimos, ya que toda autoridad es puesta por Dios, no importa si la persona en autoridad este ejerciendo correctamente, al final, Dios es que le pedirá cuenta.
1Sa 8:8 Conforme a todas las obras que han hecho desde el día que los saqué de Egipto hasta hoy, dejándome a mí y sirviendo a dioses ajenos, así hacen también contigo.
Detrás de esta rebeldía que ellos tenían había idolatría, y dice el profeta Isaías: “Hay de los hijos de la hechicera, de los que adoran ídolos, porque se levantan contra la autoridad y se le revelan”. Donde hay idolatría, se mueve un espíritu de rebelión, por eso la biblia dice “Como pecado de rebelión es la idolatría”. Cuando te dispones a hacer algo para la obra de Dios, pueden surgir personas con la inteción de criticar, pero la clave es entender que si hay crítica, no es para ti, sino para Dios.
1Sa 8:9 Ahora, pues, oye su voz; mas protesta solemnemente contra ellos, y muéstrales cómo les tratará el rey que reinará sobre ellos.
Dios le dijo a Samuel que oyera la voz de los Israelitas y procediera según lo que pedían, aún sabiendo que lo hacían en la carne. Así como cuando estaban en el desierto que en forma de rebeldía pidieron carne, y Dios le dio carne hasta que le salió por la nariz. Porque Dios da lo que pedimos en rebeldía, aunque no sea de bendición, para que aprendamos.
1Sa 10:1 Tomando entonces Samuel una redoma de aceite, la derramó sobre su cabeza, y lo besó, y le dijo: ¿No te ha ungido Jehová por príncipe sobre su pueblo Israel?
Samuel utilizó una redoma de aceite para ungir al rey Saúl. Una redoma es, una botellita con cuello largo que se usaba para ungir reyes. Y resultó que ese rey por 40 años destruyó a la nación de Israel. Luego Dios levanta a David, el rey conforme a Su corazón.
1Sa 16:1 Dijo Jehová a Samuel: ¿Hasta cuándo llorarás a Saúl, habiéndolo yo desechado para que no reine sobre Israel? Llena tu cuerno de aceite, y ven, te enviaré a Isaí de Belén, porque de sus hijos me he provisto de rey.
A pesar del hombre haber pedido rey, Saúl fue puesto por Dios, y tuvo la legítima oportunidad de hacer las cosas bien; pero Saúl también abandonó a Dios, se apartó de Su Palabra y por eso fue desechado. Entonces Dios reprocha a Samuel diciendo: ¿Hasta cuándo llorarás a Saúl, habiéndole yo desechado?
Ahora Dios enviaba a Samuel, pero con cuerno de aceite, porque la redoma se usaba para ungir reyes, pero el cuerno se usaba para ungir sacerdotes. Dios estaba hablando aquí de un nuevo orden sacerdotal, porque al final David fue sacerdote y también rey. Esto es lo que debemos entender: la iglesia verdadera tiene que ser ungida para ser sacerdotal. Y palabra fiel es esta: “Si con Cristo juntamente padecemos, con Cristo juntamente reinaremos”.
1Sa 16:2 Y dijo Samuel: ¿Cómo iré? Si Saúl lo supiera, me mataría. Jehová respondió: Toma contigo una becerra de la vacada, y di: A ofrecer sacrificio a Jehová he venido.
Podríamos preguntar, ¿Por qué Samuel continuaba llorando a Saúl, si reconocía que era malo y que estaba dispuesto a matar un profeta? A veces nosotros lloramos por gente que sabemos que se salió de la voluntad de Dios. Nuestros sentimientos se convierten en enemigos cuando no están alineados a la voluntad de Dios. Hay gente que sabe que lo que esta haciendo no esta en la voluntad de Dios, pero ponen sus sentimientos por encima de El.
1Sa 16:4 Hizo, pues, Samuel como le dijo Jehová; y luego que él llegó a Belén, los ancianos de la ciudad salieron a recibirle con miedo, y dijeron: ¿Es pacífica tu venida?
A Samuel le preguntaron si su venida era pacífica, porque ellos sabían que no estaban haciendo las cosas correctas y temían que Samuel fuera a hacer juicio contra ellos. Aquí podemos ver a Samuel venciendo sobre sus sentimientos, pero, aún le faltaba algo.
1Sa 16:5 El respondió: Sí, vengo a ofrecer sacrificio a Jehová; santificaos, y venid conmigo al sacrificio. Y santificando él a Isaí y a sus hijos, los llamó al sacrificio.
Samuel llamó a Isaí, porque ya Dios le había dicho que de sus hijos iba a salir un rey.
1Sa 16:6 Y aconteció que cuando ellos vinieron, él vio a Eliab, y dijo: De cierto delante de Jehová está su ungido.
Dios envió a Samuel a la casa de Elí y tenía que esperar que Dios le dijera a quien iba a ungir, pero, Samuel vio al primero a Eliab que era alto y de hermoso parecer y guardaba en lo físico mucha similitud con Saúl.
1Sa 16:7 Y Jehová respondió a Samuel: No mires a su parecer, ni a lo grande de su estatura, porque yo lo desecho; porque Jehová no mira lo que mira el hombre; pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón.
Samuel usó sus propios parámetros de comparación. El creyó que Eliab era el ungido por su parecido a Saúl, el prototipo de rey; pero Jehová no mira lo que mira el hombre. Porque este mira lo que esta delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón. Entonces a Samuel le faltaba VER COMO DIOS MIRA.
1Sa 16:8 Entonces llamó Isaí a Abinadab, y lo hizo pasar delante de Samuel, el cual dijo: Tampoco a éste ha escogido Jehová.
Abinadab tampoco era el escogido, y con esto el Señor nos está enseñando, como a Samuel, a ser pacientes.
1Sa 16:9 Hizo luego pasar Isaí a Sama. Y él dijo: Tampoco a éste ha elegido Jehová.
1Sa 16:10 E hizo pasar Isaí siete hijos suyos delante de Samuel; pero Samuel dijo a Isaí: Jehová no ha elegido a éstos.
1Sa 16:11 Entonces dijo Samuel a Isaí: ¿Son éstos todos tus hijos? Y él respondió: Queda aún el menor, que apacienta las ovejas. Y dijo Samuel a Isaí: Envía por él, porque no nos sentaremos a la mesa hasta que él venga aquí.
Así pasaron todos los hijos de Isaí, pero ninguno de estos era, y el que todos creían no era, y el que era no estaba, porque ni el papá se acordaba que David existía. Pero Dios le dice a la gente que se cree invisible (porque nadie te mira, nadie te toma en cuenta, quizás la gente no te ha visto) “Tengo mis ojos puestos en ti”. Espera el tiempo de Dios y mantente fiel; trabaja, sírvele, dile al Señor: “Aquí está mi vida”. Y Dios te levantará.
1Sa 16:12 Envió, pues, por él, y le hizo entrar; y era rubio, hermoso de ojos, y de buen parecer. Entonces Jehová dijo: Levántate y úngelo, porque éste es.
Dios es quien escoge lo que es. A Samuel le faltaba: ver y esperar lo que Dios diga.
Transcripción: Ysabel Vicente
Revisión : Ingrid Sanquintín
Publicación : Raquel Reyes
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